ANDARES POLÍTICOS: Trump, el bravucón en problemas

Benjamín TORRES UBALLE

Estados Unidos es nuevamente una nación altamente polarizada. A esto colaboró intensamente Donald Trump, un empresario metido a la política que tuvo la visión de explotar a su favor el gen racista y violento que lleva muy arraigado gran parte de la sociedad en la unión americana.

Trump no es un político, es un negociante millonario y como tal se maneja desde la Casa Blanca. Sus mejores armas para lograr objetivos son la amenaza, la intimidación y en muchos casos, la ofensa. De ello dio muestras contundentes a sus adversarios políticos, colaboradores, la prensa y países que representan una amenaza para los intereses comerciales y políticos estadunidenses.

China fue blanco favorito en la guerra comercial emprendida por el republicano. México se convirtió involuntariamente en punching bag por los continuos y eficaces amagos tuiteros de Trump. Una especie de ”ahí viene el lobo”, suficiente para que el gobierno morenista cediera a la voluntad del jefe de Estado del vecino del norte. Así, vimos como al presidente López Obrador no le quedó de otra sino aceptar la “sugerencia” de que su administración realizara el trabajo sucio para frenar las caravanas migrantes provenientes de Centroamérica que pretendían llegar a EE.UU., o que el titular del Ejecutivo mexicano acudiera presto a Washington a solicitud de su homólogo.  

Un discurso de odio cruzó y azuzó no sólo a los Estado Unidos, también al mundo, en especial lo han padecido las minorías afroamericanas y latinas. Los escándalos por los asesinatos de miembros de la comunidad negra, a manos de policías blancos, se volvieron constantes; las marchas y protestas en diversas ciudades demandando justicia, muestran la gigantesca vena discriminadora de un amplio sector del gobierno gringo que no duda en garantizar impunidad a tales oficiales. Los agravios son mayúsculos y así han ido creciendo, pero las inconformidades también, el movimiento Black Lives Matter se extendió rápidamente hasta abarcar casi todos los sectores sociales.

Sin embargo, Trump, un autócrata bravucón, -señalado de no pagar impuestos- carece de la capacidad para admitir errores y adoptar medidas de cambio. Como otros personajes que enloquecen cuando logran el poder, ya no escuchan, se consideran dueños absolutos de la verdad y transcurren sus regímenes dejando una estela de perjuicios a la gran masa social. Por ejemplo, la obcecación por eliminar completamente el Obamacare, que brinda salud a bajo costo.

Hoy, no extraña que Donald Trump esté a unos cuantos votos electorales de que sea echado de la Presidencia. Todo indica que aún con ciertos sectores radicales y aquellos considerados supremacistas, apoyándolo, no le alcanzará para lograr reelegirse. La forma desastrosa en que ha enfrentado la crisis del Covid-19 tiene a Estados Unidos como el país con más muertes por el virus: 234,300; también es número uno en contagios al totalizar 9,544,315 hasta la tarde de este jueves.

Ninguna sociedad, por más que presuma de igualitaria y democrática, es capaz de soportar a un gobernante que va en contra de los intereses de la mayoría y permanece insensible a las demandas populares mientras, en los hechos, se favorece a las cúpulas que lo apoyan.

Sin duda, Trump cosecha los frutos de una gestión populista cuyo espíritu proteccionista quedó de manifiesto en estos cuatro años de gobierno. No obstante, esa vuelta al pasado no logró que su país recuperará la supremacía comercial ni el liderazgo mundial. China y otros países asiáticos le arrebataron desde hace tiempo ese rol. Aunque continúa siendo una potencia militar y económica, otras naciones le disputan aquel liderazgo, el gigante asiático es uno de ellos, al igual que Rusia, Alemania, incluso Japón. La unión americana dejó de ser fabricante, el exportador de antaño.

Todos esos factores, unos en mayor grado que otros, incidieron en lo que parece una inminente derrota de Trump, quien hoy, a manera de justificación, alega fraude y exige recuento de votos, una burda cantaleta exclusiva de los autoritarios que pretenden eternizarse en el poder.

Por lo pronto, al cierre de esta colaboración, Donald Trump había perdido demandas en Michigan y Georgia en las cuales pedía detener el conteo de votos y una supuesta mezcla de boletas. Lejos de mostrar alguna pizca de civilidad política y de decencia, el republicano se comporta como un chivo en cristalería atizando la hoguera de la intolerancia y alentando el odio entre la ciudadanía.

Más allá de los resultados oficiales, las elecciones en Estados Unidos son el aparador donde el mundo puede observar como un gobernante nocivo puede y debe ser lanzado del poder. No hay mentiras, ni engaños, ni palabrería barata que sostenga a un mal presidente. La sociedad finalmente descubre la esencia de ese tipo de embaucadores y termina por volverlos a donde pertenecen.

A pesar de los berrinches desesperados y discursos infaustos, es evidente que el bravucón peliteñido tiene graves problemas desde el pasado martes.

@BTU15

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