ANDARES POLÍTICOS: Un presidente popular con un pésimo gobierno

Benjamín TORRES UBALLE

México es un país que jamás dejará de sorprender y fascinar por su grandeza, su invaluable cultura y una amplia gama de recursos naturales. Pero también lo hace por un surrealismo que asombra a propios y extraños, especialmente a estos últimos. Sucesos que difícilmente tienen explicación.

El próximo 1 de septiembre, como lo ordena la Constitución, el jefe del Ejecutivo, deberá informar del estado que guarda la Nación. Días antes de que esto suceda, el presidente López Obrador ha desatado una cauda de promocionales plenos de autoelogios y logros que sólo existen en la fantasía.

La población padece la crisis más grave de la historia. Con 64,158 muertes por Covid-19 y próximos a los 600,000 contagios, el gobierno exhibe el fracaso de su estrategia para enfrentar la pandemia.  Mientras que en materia económica, la ruina financiera de miles de empresas y negocios, así como la de millones de mexicanos, aniquilan el quimérico e injustificable optimismo del señor Presidente.

Incluso, el propio secretario de Hacienda, Arturo Herrera, ya advirtió ante los diputados morenistas, que México debe hacer frente a una crisis gemela: la sanitaria y la económica. Asimismo, el funcionario dejó en claro que 2021 se vislumbra como desalentador, pues si en este año el brutal impacto generado por el Covid-19 de alguna manera fue absorbido por los guardaditos que dejó la administración peñista, como las coberturas petroleras y los diversos fondos para los choques económicos, tales recursos se habrán agotado el próximo año. El dispendio cobrará la factura.

Como se ve, ni estamos saliendo de la crisis, ni ésta mejorará en los siguientes meses, por el contrario, viene lo más duro. Con millones de empleos perdidos en el sector formal e informal a causa de una postura a todas luces equivocada en las altas esferas del poder, que ha negado sistemáticamente cualquier tipo de ayuda al sector empresarial para preservar los puestos de trabajo, pero en cambio es altamente eficiente en derrochar recursos del erario en proyectos inviables, el futuro para millones de mexicanos es, por decir lo menos, sombrío y desesperanzador.

Y abordar el tema de la violencia e inseguridad en el país, es hacerlo en uno de los temas que más preocupa a la sociedad. Un rubro en el cual, el fracaso es evidente y los resultados saltan a la vista. Tan sólo en los primeros siete meses del año, cifras oficiales del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, registran 1,042,088 delitos en la República, es decir, unos 205 actos ilícitos cada hora. A estos datos, habría que agregar la “cifra negra”. Los números son de terror.

Una radiografía que muestra los problemas críticos que prevalecen en México: sanitarios, económicos y sociales. Este peligroso coctel y la crispación política, aunada a la polarización alentada desde Palacio Nacional, tiene dividido al país en momentos en los cuales la unidad es necesaria.

Por ello resulta ofensivo, inmoral y cínico, que se hable del “mejor gobierno” si, en los hechos, que no en las fantasías, ni en el terreno de lo utópico, los yerros gubernamentales han sido catastróficos en detrimento de la población. Ya en la administración lopezobradorista, el año pasado fue el más violento de que se tenga memoria y la economía cayó 0.3%, la peor en la última década.

Mas el surrealismo se manifiesta en que a pesar de la desastrosa situación económica, sanitaria y de inseguridad –física y en el estado de derecho-, amén del grotesco “Circo Lozoya” montado por el gobierno, las bolsas de dinero recibidas por Pío López Obrador, y los imperios inmobiliarios de Manuel Bartlett Díaz e Irma Eréndira Sandoval, miembros del Gabinete presidencial, la popularidad del presidente López Obrador permanece alta. Según la firma Enkoll, en su encuesta titulada “AMLÓMETRO”, Segundo Informe de Gobierno, publicada el pasado día 27, un 58% de los entrevistados aprueba el trabajo de AMLO, es decir, 6 de cada 10. Mientras que la casa Mitofsky ubica la aprobación en el 53.7%. En ambos casos no deja de sorprender la alta popularidad.

El fenómeno obradorista es todo un caso, digno del más exhaustivo análisis en todas sus facetas. A pesar de su confrontación con la prensa y de que buena parte de ella lo trae a “mecate corto”, el tabasqueño no lo ha resentido de modo importante, hasta se da el lujo de pasar por encima del Estado laico que tanto defendió uno de sus ejemplos, don Benito Juárez. Así, no duda en montarse a la fama del Papa: “El Papa Francisco ha dicho que ayudar a los pobres no es comunismo, es el centro del Evangelio”, ha dicho como justificación en uno de sus spots antes del II Informe.

“No es para presumir, pero en el peor momento se cuenta con el mejor gobierno”, blofea el presidente López Obrador en otro de los spots con fuerte tufo electorero. Obvio, es propaganda política basada en mentiras, la realidad es otra: sombría y dolorosamente aniquilante.

@BTU15

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