COLUMNA DE CIPRIANO: Encadenamiento de gobernantes

Cipriano MIRAFLORES

Los gobernantes actuales, es demostrable, están hechos para grandes cosas a favor de sus pueblos, pero también para grandes males sociales. Por eso la gente se pregunta por la naturaleza de estos seres, en el mejor de los casos se dice que los ciudadanos los eligieron, se les llama representantes, es decir, son los que actúan y deciden en nombre de sus pueblos.

Lo peor es que se sienten libres e indeterminados, no sienten ser prisioneros de ningún código natural, histórico o moral. Esto les abre una enorme oportunidad de invención, creación, sea para bienestar de sus pueblos o para su desgracia. Los pueblos, solamente podrán deshacerse del maloso y ratificar al exitoso de tiempo en tiempo, no en todo momento que sería lo correcto.

 La libertad hace posible que el político cuestione el mundo, su mundo, juzgarlo, transformarlo, inventar ideales, distinguir entre lo bueno y lo malo, de alguna manera se hace un ser moral, pero con la oportunidad de ser lo contrario. La cuestión es si es permisible que los gobernantes gocen de esta libertad o se deben sujetar estrictamente a las leyes y a la voluntad ciudadana.

Un posible remedio puede ser si la virtud ética del gobernante, su construcción en la medida de la subordinación de lo particular hacia el interés común. Pero el problema es que el gobernante define el interés común, es una acción en que los ciudadanos no tenemos intervención.

Desde luego, insistimos, el único interés particular del gobernante debe ser el interés de todos. El desinterés hacia sí mismo, hacia sus inclinaciones naturales distingue al gobernante.

Libertad, virtud de la acción desinteresada (buena voluntad) y preocupación por el interés general: he aquí las tres grandes palabras que definen la moral moderna basada en el deber, porque nos dice que hemos de ofrecer resistencia, librar  combate contra la animalidad o la naturalidad que hay en los gobernantes

En verdad, en virtud de que el hombre no es bueno espontáneamente, no somos seres inclinados naturalmente hacer el bien, al gobernante se debe sujetar a los mandatos imperativos de la ley y al pueblo.

Ser determinado implica, para el gobernante, actuar en contra de sus determinaciones naturales y particulares, separar su particularidad, es la elevación hacia lo universal, lugar en donde se toma en cuenta a los demás.

 El político debe ser, entonces, un ser netamente universal. Debe hacer los méritos necesarios para ello. En este sentido, es una acción democrática, denota esfuerzo y capacidad, al contrario de una situación autocrática en donde predomina la posición y no el mérito.

A pesar de toda la libertad de que goza el gobernante, que tiene un mundo de posibilidades, debe caber la prudencia en él, de limitarse, de entender que su libertad termina ahí donde empieza la libertad del pueblo o de los ciudadanos .

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