COLUMNA DE CIPRIANO: Filosofía política china

Cipriano MIRAFLORES

La grandeza del pueblo y gobierno chino no se puede negar, han sufrido enormidades para ocupar un lugar especial en el concierto de las naciones, por eso, vale la pena la reproducción de su filosofía de gobierno.

Para ser un buen político y cumplirle al pueblo en su bienestar, lo primero que debe es ordenar bien a su familia; para lograr esto, lo primero es corregirse a sí mismo; para corregirse a sí mismo, adornar su alma con todas las virtudes; para adornar su alma con todas las virtudes, se debe esforzar en conseguir la rectitud y sinceridad en todas sus intenciones.

 Para lograr que sus intenciones fueran rectas y sinceras, se debe entregar con ardor al perfeccionamiento de sus conocimientos morales; el máximo  perfeccionamiento de sus conocimientos  morales, consiste en penetrar y descubrir los móviles de las acciones.

 Si el político alcanza un conocimiento claro y profundo de los móviles de las acciones, obtendrá con ello la máxima perfección de sus conocimientos morales.

 Cuando alcance la máxima perfección de sus conocimientos morales, inmediatamente todas sus acciones e intenciones  serán rectas y sinceras.

Si sus intenciones son rectas y sinceras, el alma queda adornada con todas las virtudes.

 Las virtudes de su alma mejorarán y corregirán todo su ser. Si alcanza su perfección personal, quedará establecido el orden de su familia.

 Si su familia está en orden, será un buen político. Si él es un buen político, las sociedades y los Estados tendrán paz y armonía, siendo educados y renovados todos los pueblos.

La educación, la libertad y la justicia para todos los pueblos son el fin y el inicio de la acción de todo político.

 El político no debe aumentar su riqueza particular a base de las rentas públicas. La única riqueza y recompensa que debe de recibir es la práctica de la justicia y de la equidad para el pueblo, así se ganará la gratitud de la gente.

 El buen político debe perseguir las virtudes capitales y universales de la prudencia del entendimiento, el amor hacia la humanidad y fortaleza de ánimo.

El político cuando ocupe algún cargo, no debe humillar a sus subordinados; tampoco debe asediar con peticiones mezquinas y codiciosas quienes ocupan un cargo superior.

  Se debe mantener siempre en camino recto y no dejarse afectar por lo que hagan los demás, consiguiendo así que su espíritu siempre goce de paz y serenidad.

No blasfeme contra el cielo ni culpe a nadie de sus infortunios lo debe de asumir como reto de superación personal.

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