COLUMNA DE CIPRIANO: Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas: Principios

Cipriano FLORES CRUZ

Es evidente que en las tres Revoluciones de nuestra historia, esto es, la Independencia, la Reforma y el Movimiento Armado de 1910, conceptualizadas como Transformaciones por el Presidente Electo Andrés Manuel López Obrador, a pesar de que las naciones mexicanas, llamadas indígenas, pusieron los muertos y respaldaron a los líderes, no fueron tomadas en cuenta, al contrario, se propusieron a extinguirlas.

Este etnocidio, iniciado por los españoles, ha continuado por el Estado mexicano por más de doscientos años bajo diversas formas, siendo la favorita la formación de una sola nación, cultura, orden económico, político y jurídico, sólo la rebeldía y los constantes levantamientos de estos pueblos, el último fue el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, ha permitido la subsistencia de estas naciones o pueblos. El colonizador, el encomendero, cambió de rostro, ahora es el Estado y su ejército de funcionarios públicos.

La idea de los liberales, que han gobernado México, desde 1824, salvo pequeños intervalos de los conservadores, es la ciudadanización de los zapotecos, mayas, náhuatl, como un proceso hasta la pérdida de sus identidades como pueblos y naciones y ser tratados por la vía de la benevolencia del Estado porque son los pobrecitos, los inditos, o simplemente como objeto electoral por parte de los partidos políticos. El neocolonialismo goza de buena salud en nuestro país.

Se espera que en la Cuarta Transformación, bajo la batuta de Andrés Manuel López Obrador, haya una nueva relación con las naciones mexicanas, bajo los principios de la autodeterminación, libertad, justicia, respeto, para con estos pueblos. Por eso cobra importancia la consulta a los pueblos sobre la naturaleza y alcances del nuevo organismo llamado Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas.

Desde mi punto de vista, este organismo tiene que ser de Estado, desde la misma Constitución se debe declarar la naturaleza plurinacional del Estado mexicano, no sólo pluricultural. Se debe superar la concepción de estos pueblos como culturas y dar el brinco histórico de su reconocimiento como naciones y sujetos de derecho y no la ofensiva idea de entidades de interés público y superar el síndrome de Bartolomé de las Casas, ser concebidos como objetos de la caridad cristiana y del Estado.

Al ser reconocidos como sujetos de derecho, la nueva relación deberá ser, por lo tanto, desde los derechos y no como simples objetos de la administración pública. Al tener la relación desde los derechos, como son exigibles, se tiene la oportunidad que tales derechos sean demandados por los pueblos de manera organizada e institucional.

Entonces, el nuevo organismo, además de ser de Estado, deberá ser de las naciones o pueblos para los pueblos y no un simple organismo de la administración pública federal. Su máximo órgano de dirección deberá ser, por tanto, una institución representativa de estas naciones, es decir, una Asamblea Nacional integrada por representantes de las naciones mexicanas, electos democráticamente desde las comunidades. Esta Asamblea deberá de definir las políticas públicas para con las naciones mexicanas y ser ejecutadas, coordinadas por un órgano ejecutivo, llamada Secretaría Ejecutiva, a cargo de un Secretario nombrado por la Asamblea Nacional a propuesta del Presidente de la República.

De esta manera, las políticas públicas sobre el conjunto de las naciones mexicanas, serán producto de amplias deliberaciones y acuerdos de auténticos y legítimos representantes. Además de ser una institución de la política pública de los pueblos y comunidades, lo será también como órgano de consulta para el Estado mexicano.

La Asamblea Nacional, órgano de representación de las naciones o pueblos, deberá ser también institución revisora de las leyes y decretos que el Congreso de la Unión emita que afecte a dichas naciones. Esto no impide que en un futuro no muy lejano, se abra la posibilidad de la representación de estos pueblos en la Cámara de Diputados como en la Cámara de Senadores, por la vía no partidaria.

Hacer que las políticas públicas que les incumben, sea definida por los propios pueblos o naciones mexicanas, será un paso revolucionario y democrático de la Cuarta Transformación, de esta manera el gobierno morenista hará historia, tal como dice su promocional. Se tiene una enorme capacidad, inteligencia, calidad moral, así como un proyecto trascendental, de los hombres y mujeres de las naciones mexicanas, para romper el largo colonialismo y neocolonialismo vigente, que ha impedido el florecimiento del poder comunitario, dicho sea de paso, célula fundamental del Buen Vivir de estas naciones. Andrés Manuel López Obrador tiene la palabra, da el salto cualitativo de la relación entre el Estado y las naciones mexicanas o se quedará en acciones administrativas que reforzarán al nuevo encomendero.

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