CRÓNICA EXPRÉS: Miedo a las organizaciones sociales

Rosy RAMALES

Hace unos días recibí un mensaje del Secretario General de Gobierno, Francisco García López, diciéndome: “Cuando quieras platicamos sobre este escabroso tema de la gobernabilidad”. “Hola Paquito, ponle fecha y hora”, contesté.

Y entre comentario y comentario, terminamos hablando del Día Internacional de la Mujer, pues me dijo: “¡Felicidades!” Y le observé: “No es festejo”. Argumentó: “Conmemoración y festejo. No seas radical. Por fa, tú no eres así; tú eres libre”.

Le di la razón en cuanto a que no soy radical y sí soy libre; pero ese Día, no es festejo.

Hablamos así en la confianza de conocernos hace mucho tiempo. Cuándo él hacía sus pininos en política, y yo en periodismo. Junto con Jorge Toledo estuvieron al mando estatal del Programa Nacional de Solidaridad. De ahí que en su momento se le conociera como “Paco Pronas”, aunque ahora se le nombra más como “Paco Piza”.

Paco siempre ha sido amable, respetuoso; al menos conmigo. Aún cuando son contadísimas las ocasiones en que nos sentamos a conversar sobre política. Y de vez en cuando manda un saludito vía WhatsApp. Es entendible, la mayor parte del tiempo está ocupado, más en la Segego; una dependencia bastante desdentada, aunque sigue siendo apagafuegos.

Es buena persona. Pero de repente se le pega el aire sobrado de las personas que integran la burbuja del gobernador Alejandro Murat Hinojosa.

“Ustedes los funcionarios (con sus excepciones) son unos chocantes; se subieron en un ladrillo”, le dije cuando contactamos la cita, sobre su comentario de que soy yo quien siempre estaba ocupada. “No me digas eso, me lastimas con ese comentario”, refirió con ese tono de voz persuasivo, como de niño regañado con ojitos de quererte convencer ser ‘un pan de dulce.’

En fin, que quedamos en vernos este jueves 10 de marzo, a las 09:30 horas, en Oaxacalifornia. Para platicar en torno a la gobernabilidad en el estado, a propósito del tema abordado por nuestro amigo periodista (y con el grado académico de Maestro en Derecho Constitucional) Adrián Ortiz Romero Cuevas, quien en su columna AL MARGEN habló sobre “Conflictos municipales en Oaxaca: ¿Dónde está la Segego?”

Y yo en la columna CRÓNICA POLÍTICA abordé el tema: “Oaxaca, la industria de la manifestación, ingobernabilidad y sucesión”. Y en “CRÓNICA EXPRÉS: “Gobernabilidad, Segego-IEEPO…candidateables”.

El miércoles por la noche confirmamos la cita.

Y la mañana de este jueves llegó puntual. Yo lo esperaba en la mesa del fondo de la parte derecha del concurrido restaurante. Paco se detuvo en una mesa donde desayunaban dos varones: Uno delgadito, de camisa de diminutos cuadritos rojos; el otro algo fornido, de cabello quebrado entrecano, vistiendo camisa gris; ambos no mal parecidos y bien vestidos.

Conversó unos minutos con ellos.

Tiempo que me sirvió para ver de reojo a los comensales de las demás mesas. Justo en el otro extremo, desayunaban el magistrado presidente del Tribunal Superior de Justicia, Eduardo García Pinacho, con otros magistrados, entre ellos Moisés Molina.

Luego el Secretario (Paco) llegó a la mesa donde esta escribiente ya lo esperaba, sentándose en la cabecera de la larga mesa. Le puse desinfectante en las manos. Pedimos cada quien una rebanada de panqué de nata y café. –¿o él pidió otra pieza de pan?, me distraje–. Y para almorzar él pidió queso asado y yo un omelette de champiñones.

Estábamos soboreando el café con pan y empezando a conversar, cuando recibió una llamada telefónica. “Sí, Amira, dime…”

Le dedicó varios minutos.

Mientras él hablaba, yo veía hacia las mesas.

El magistrado Moisés llamó a una señorita sentada en la mesa de junto  –supongo que es asistente–  y señaló hacía la mesa donde estábamos Paco y esta escribiente. Por cierto, más tarde, Moi fue a saludarnos a ambos a nuestra mesa; muy rápidamente, pero muy amable y afectuoso.

Paco colgó el teléfono celular. Continúamos platicando. A los pocos minutos nuevamente sonó su teléfono. Contestó: “Sí, maestro…”

Le dedicó varios minutos.

Al fin colgó. Retomamos la plática. Muy interesante, por cierto. Lástima que desde que llegó, solicitó: “Sin que me grabes”. “¿Cuándo te he grabado? Yo ni uso grabadora”, le reclamé. Y él dijo: “No, ya sé, no usas grabadora. Pero te grabas las cosas. Todavía me acuerdo de esa gira a Chiapas. Cuando leí, dije: ‘¿A qué hora grabó todo esto?’.

Se refería a una crónica (género periodístico) que escribí cuando empezaba como reportera, en ocasión de un viaje de priistas al estado de Chiapas, donde el PRI celebraría un consejo político. El periódico donde trabajaba me comisionó para cubrir tal actividad. Con esa crónica gané mi primer premio estatal de periodismo. Uy, hace muchos años; todavía usaba yo calcetas.

Retomando el tema: Quedamos que sin grabar. Así que ni una palabra sobre la plática; el secreto profesional para mí es sagrado.

Una plática sumamente interesante desde dos puntos de vista: La gobernabilidad, en su concepto; y la ingobernabilidad, en mi concepto.

Pensé en entrevistarlo al final de la plática en corto. Pero ya no dio tiempo porque ocurrió lo siguiente:

Uno de los dos señores con los cuales se detuvo a saludar al llegar al restaurante, se levantó y fue hasta donde estaba el Secretario. Se trataba del señor de camisa gris y cabello quebrado entrecano; un poco mayor que el de camisa de cuadritos rojos; pero ambos de regular edad.

Paco siguió sentado. Y ese señor le cuchicheó al oído quien sabe qué. El Secretario le contestaba con palabras sueltas, como para que nadie entendiera qué hablaban. El señor continúo cuchicheando todo el tiempo que se le dio la gana.

Cuando ese señor estaba por darse la vuelta y regresar a su mesa, me miró y me dijo: “Disculpe”.

También lo mire a los ojos, respondiédole: “Me parece una falta de respeto, si quiere usted me voy para que puedan platicar”.

Agarré mi bolsa y mi desinfectante de manos, me di la vuelta y me apresuré hacia la escalera. Llegué hasta la caja para el sellado de mi boleto de estacionamiento.

Paco…el Secretario, me alcanzó: “Rosy, dicúlpame”. Contesté: “Sí, está bien, te disculpo, pero debo irme”. Y me fui.

Antes de bajar la escalera, alcacé a escuchar que ese señor de camisa gris es un líder social. Francamente desconozco quien sea. Pero la sola idea de tratarse de un líder de organización social, me puso como agua para chocolate.

Y no porque tenga algo en contra de las organizaciones sociales, sino porque el pequeño detalle habla mucho de la política interna.

¿Qué pequeño detalle? Ese de ponerle toda la atención al cuchicheo del señor y si éste es un “líder social”, pues refleja que la política interna se basa en primero atender a las organizaciones sociales por encima de toda persona. Y, obvio, refleja que a las organizaciones sociales (con sus excepciones) nada les importa el derecho de las personas, y que pasan encima de quien sea.

Se cuchichea para evitar que los demás escuchen. ¿Qué, son cosas inconfesables?

Ese cuchicheo de un líder social y del Secretario General de Gobierno, puede que refleje que así de secretos son los acuerdos a los cuales se llega con organizaciones sociales –quien sabe si con todas o solo con algunas–.

Quizá el Secretario no pudo evitar el cuchicheo. Pero ¿habría sido una majadería decirle al señor algo así: “Ahorita voy a tu mesa y platicamos; me desocupo en 15 minutos”.

Y a buen entendedor, pocas palabras; nos hubiesemos dado prisa en concluir la plática-desayuno.

Pero el no decirle nada y dejarlo cuchichear el tiempo que le dio la gana, revela (en caso de tratarse de un líder social) temor en hacer enojar a las organizaciones sociales.

Uno entiende, las personas servidoras públicas no pueden dejar colgada su función en un perchero mientras van a desayunar, y es normal que se les acerquen personas para tratar algún tema; pero de eso, a deplano colgarse en un cuchicheo como si todas las personas de alrededor estuviesen pintadas, pues es una verdadera falta de respeto.

Y las llamadas. Está bien contestarlas, pero todo tiene su momento. Es posible decir: “¿Te llamo en un momento?” Y devolver la llamada tan pronto como uno de desocupe. Claro, siempre se debe contestar tratándose de algo urgente. Pero en el caso de las llamadas al Secretario a leguas se notó que ni le llamaba el gobernador, ni se estaba incendiando el estado, ni se trataba de alguna situación impostergable.

Uno entiende, pero todo tiene un límite. Ya lo dijo don Benito Juárez: “El respeto al derecho ajeno es la paz”.

Si el Secretario General de Gobierno se comunica con uno como periodista para platicar sobre la gobernabilidad en el estado de Oaxaca, ¿entonces por qué a media plática te deja con la palabra en la boca para atender el cuchicheo de un “líder social”?

Por cierto, mientras el señor de camisa gris cuchicheba con él, el señor de camisa de cuadritos rojos llamó a un mesero, habló con él al oído señalando hacia la mesa del Secretario. ¿Ellos pagarían la cuenta de éste? ¿O a la inversa? ¿O le mandarían un café como mandar una copa?

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Correo: rosyrama@hotmail.com

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