Rosy RAMALES
Si bien el plazo fatal para la aprobación, promulgación y publicación de la reforma electoral vence entre finales de mayo y principios de junio, Morena y aliados prácticamente están sobre el tiempo. La presidenta Claudia Sheinbaum prevé presentar su iniciativa la próxima semana. Quedarían entonces tres meses y medio antes de la fatalidad del tiempo.
Lapso muy corto para el análisis profundo de una reforma de gran calado como la planteada por la mandataria, salvo que desista de reducir plurinominales y el financiamiento público partidista en aras de mantener la “unidad” de Morena con el PVEM y el PT.
Evidentemente, una unidad rumbo a los procesos electorales 2026-2027, pues se juegan la mayoría en la Cámara de Diputados, 17 gubernaturas, congresos locales y ayuntamientos. Además, la segunda mitad de los cargos judiciales y la permanencia de la presidenta Sheinbaum, si acaso empatan la Revocación de Mandato.
Como sea, un plazo tan breve en ocasiones propicia reformas aprobadas al “fast track” (sean de gran calado o sencillas), lo cual repercute en problemas para las autoridades electorales en la aplicación e interpretación de las normas.
La reforma de 2014 fue publicada en el Diario Oficial de la Federación el 10 de febrero de ese año tras su aprobación a finales del 2013. Y aún con algo de tiempo, el INE (que nace con esa reforma) y los nuevos Organismos Públicos Electorales sudaron la gota gorda para organizar las elecciones 2015.
Y mientras la presidenta Sheinbaum envía o no la iniciativa de reforma electoral; y mientras la Secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, diáloga con el PT y con el PVEM sobre las pretensiones de éstos, la proximidad de los procesos electorales 2026-2027 (federal y locales) también mantienen ocupados a los partidos de la 4-T.
¿En qué? En una mesa de candidaturas. O sea, desde ya empezarán a revisar perfiles sobre todo para las 17 gubernaturas, para cuyas elecciones Morena, PVEM y PT prevén ir coaligados; en todas. No así para las 300 diputaciones de mayoría relativa.
Eso según dicen. Aunque la unidad se les complica en Guerrero, Zacatecas y San Luis Potosí, donde familiares de las personas titulares del Ejecutivo quieren competir por la gubernatura. Entonces, hay un choque con la norma “anti-nepotismo electoral” de Morena.
En cuanto a las diputaciones de mayoría relativa, más que revisar perfiles, revisarán la cuota de distritos electorales donde cada partido de la 4-T pondrá al candidato o a la candidata de la coalición. Pero como la “unidad” no es el denominador común en todas las entidades federativas, seguramente Morena, el PVEM y el PT reservarán distritos para competir solos.
El proceso electoral federal 2026-2027 arranca a principios de septiembre próximo. También la mayoría de los procesos locales para elección de gubernatura. La idea (dicen) es que la 4-T tenga el abanico completo de candidaturas antes del inicio de los procesos, sobre todo las candidaturas a los gobiernos locales.
Imagínense, empezar a armar candidaturas y escenarios electorales sin la certeza de una ley electoral. ¿O en la 4-T ya tienen la certeza? Claro, mientras no exista reforma, sigue vigente la normatividad electoral.
¿APLAZAR LA REFORMA ELECTORAL?
El coordinador de los diputados federales del PRI, Rubén Moreira, hizo un llamado al gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum para aplazar la presentación de la iniciativa de reforma electoral, para “un mejor momento”.
Pero seguramente la mandataria solo aplazaría presentar su iniciativa ante la cámara legislativa, para salvar la “unidad” de los partidos de la 4-T en caso de riesgo de ruptura. Y Morena, el PVEM y el PT se acaban de jurar ‘amor eterno’.
El único consenso del interés de Morena, es el de sus aliados. Está clarísimo.
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