Rosy RAMALES
Dicen que no son iguales, pero la bancada de Morena se parece tanto a la del otrora partido mayoritario, el PRI. Incluso, en la impuntualidad para sesionar. Con la renovación del liderazgo cameral establecieron las 09:00 horas, pero quedó en buena intención. Y al parecer, no trazaron la puntualidad como propósito de Año Nuevo.
“Es que aquí no hay propósitos, sino despropósitos, Jajaja”, comentó en tono de broma el asesor de un diputado, sobre el pasillo central del recinto durante la larga espera de la primera sesión ordinaria del 2026 de la actual Legislatura del Congreso del Estado. Pero el comentario en guasa tiene mucho de razón.
Parece que la presidenta de la Junta de Coordinación Política, Tania Caballero Navarro, no tiene secretario técnico que le organice una agenda sin dilaciones, lo cual permitiría a la diputada optimizar su tiempo, máxime cuando éste se escurre como agua entre los dedos en tiempos de Revocación de Mandato y en la antesala del inicio de los procesos electorales 2026-2027 (federal, local, judicial). Además, vienen las comparecencias.
Un secretario técnico que le hubiera diseñado una agenda para tomar acuerdos con las y los diputados integrantes de la Jucopo, un día antes, o al menos de 7 al 8:45 de la mañana del mismo martes, para iniciar la sesión con puntualidad inglesa. Puntualidad que sí distingue al titular de otro poder, el Ejecutivo; el gobernador inicia en punto sus actividades, por ejemplo, las conferencias matutinas.
El orden del día preveía 22 puntos sin subpuntos. Casi nada urgente, ni controversial. Un orden del día breve en comparación a otras sesiones donde ha llegado a 50 puntos. Era para desahogarse rápido, para luego pasar a la conferencia de prensa o a la partida de una serie de roscas de reyes dispuestas en una gran mesa en “U” en el patio central de la sede legislativa.
Pero la sesión se retardó y se alargó por discusiones derivadas por celos y diferencias internas. Así que una decena de meseros y meseras aguardaron casi cinco horas para servir, tras acomodar las roscas y bebidas. Mejor para ellos, a más tiempo, más ingresos.

En el recinto, ya estaban algunos diputados y diputadas en sus curules o platicando en grupitos. En el presídium, platicaban las diputadas Lizbeth Concha Ojeda, ex priista de la bancada “Plural”, e Irma Pineda Santiago del PT luciendo cabello suelto de mechón plateado y quien ha mostrado dones de oratoria en tribuna y trabajo legislativo.
La petista es un cuadro que debería estar en la bancada de Morena, tan necesitada de tribunos que además se apliquen en la presentación de buenas iniciativas. O quizá los tiene, pero la inercia como partido gobernante, impide el lucimiento de sus cuadros.
La diputada Haydeé Reyes Soto (Morena) posaba para una serie de fotos en las escalinatas del recinto. De botas negras de tacón alto y ropa abrigadora. Luego se acercó para dar el abrazo de Año Nuevo a periodistas.
El diputado Javier Casique Zárate, el único del otrora poderoso PRI, atravesó el patio central en dirección al recinto. Subió la escalinata. Se detuvo para saludar a periodistas. En seguida entró al salón de sesiones, donde el ambiente político es más frío que el aire acondicionado al máximo.
La diputada Biaani Palomec Enríquez (PT) también se detuvo para saludar amablemente.
Alrededor de las 11:00 horas, la presidenta de la Mesa Directiva, la diputada Eva Diego Cruz, quien francamente conduce bastante bien las sesiones, pidió a diputadas y diputados ocupar sus lugares para empezar la sesión. A varios, varias, la petición les entró por un oído y les salió por otro. Seguían chacoteando y tomándose la selfie, como Daniela Taurino y tres diputadas más, todas jóvenes, de la nueva generación de legisladoras de la 4-T local.
Previo a la sesión, la presidenta de la Mesa Directiva, Eva Diego, pidió guardar un minuto de silencio por las víctimas fatales del accidente del Tren Interoceánico. Luego el protocolo que ya se saben de memoria: Lectura del orden del día y de los documentos en cartera, cuya petición de dispensa protagonizó el diputado Isaías Carranza a indicación a señas de Eva.
Ah, en la toma de asistencia faltaron como cinco o siete diputados, cuya ausencia ni se nota. Son de los que ni fu, ni fa. En realidad, el Congreso de Oaxaca es un Congreso obeso, donde de 42 diputados y diputadas, solamente participan activamente en sesiones alrededor de diez, y el número que brilla es menor.
Eso de las efemérides quita tiempo. Debería ser más breve. Biaani y el diputado César Mateos estaban anotados para éstas. Ella habló desde su curul; él pasó al atril para referirse a la intervención de Estados Unidos en la República Bolivariana de Venezuela.
Quince días de asueto, pero varios, varias, llegaron cansados, cansadas, pues pidieron hablar desde su curul. A excepción de la diputada Tania López López, que tiene lesionada una pierna. Pero el resto solo tendrá dolor de músculos de tanto descanso.
En su primera intervención, el diputado Javier Casique habló desde su curul; en las otras dos, habló desde tribuna; él en cada sesión, se anota hasta más de tres veces. Igual el diputado Dante Montaño Montero, del PT, y la diputada Alejandra García Morlan de MC.
El gran resto solo va a calentar los asientos. Además, no son claros en sus intervenciones en tribuna cuando explican sus iniciativas o puntos de acuerdo. Son pocas, pocos, los diputados que en una frase aluden el motivo, los fines; pero muchos son más de choro y sin pizca de emoción o indicio de debate. A la bancada de Morena (con honrosas excepciones de integrantes) de nada sirvieron las clases de El Fisgón.
En la sesión de ayer, el único momento en que acaparó la atención (desafortunadamente) fue cuando la diputada Cony Rueda (Morena) reclamó a la presidenta de la Mesa Directiva, Eva Diego, haber puesto a la consideración del Pleno la petición de la diputada Morlan de tratar de urgente y obvia resolución su punto de acuerdo para exhortar a la Comisión Permanente del Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec y Programas de Desarrollo Regional para que asuma la vigilancia y seguimiento de las acciones de las autoridades competentes en relación al accidente del Tren.
Reclamó por qué a Morlan sí se le concedió su petición, pero a Cony no se le ha concedido cuando así lo ha solicitado, según explicó en tono bastante airado. Eva, con mesura, explicó haber dicho al principio que el punto no fue considerado por la Jucopo como de obvia y urgente resolución, pero que lo sometía a consideración del Pleno porque la normatividad la faculta para ello.
Pero la explicación no fue suficiente para Cony, quien reclamaba desde su curul.
Ale Morlan, también desde su curul, pidió el uso de la palabra por alusiones. Entonces le dijo que como ella no forma parte de la Jucopo, no tuvo oportunidad de pedir la urgente y obvia resolución; oportunidad que sí tienen quienes conforman la bancada de Morena como partido mayoritario. Agradeció a Eva considerar su petición. Palabras más, palabra menos.
Cony desató en furia.
En el recinto se escuchaba solo griterío.
Entonces Eva, muy seria, con voz fuerte, pero sin perder la calma, advirtió que en lo sucesivo a nadie se le concederá petición similar aun cuando se encuentra dentro de sus facultades, para evitar conflictos. Inmediatamente continuó con el desahogo del orden del día. Terminando, así, de tajo con una discusión bastante inútil ahí en el Pleno, pues el tema puede tratarse en una reunión interna de la bancada de Morena para que la coordinadora de la misma la trate en la Jucopo.
En fin. Quien sabe si el reclamo de Cony sea producto de celos legislativos o de diferencias internas.
La bancada de Morena es sui géneris, rara. La mayoría de sus diputados, diputadas, carecen de tablas legislativas. Suben a tribuna porque Dios en grande a pronunciar discursos planos. Son hasta antisociales, y eso que hablan de estar con “el pueblo”. Incluso, ni siquiera saludan. Por ejemplo, las diputadas y diputados cuyas curules se encuentran delante de la primera fila de las galerías, no son para voltear la mirada hacia las galerías y saludar.
La presidenta de la Jucopo es igual. En la forma de ser, se parece mucho a Laura Estrada, a quien simplemente no se le da la empatía.
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