Rosy RAMALES
La limpieza del “nepotismo” y de la ineficiencia empezó en Morena con la renuncia del sobrino Emmanuel Navarro Jara y del hijo Shabin Jara Bolaños a la presidencia y secretaría de organización del Comité Ejecutivo Estatal, respectivamente.
¿Por qué un día antes de la fecha prometida por el gobernador Salomón Jara Cruz para dar a conocer el nombre de funcionarias y funcionarios de su gabinete legal y ampliado a quienes decidió hacer efectiva la renuncia solicitada con antelación?
Quizá por las siguientes razones, entre otras:
Para enviar el mensaje a la ciudadanía de atender su reclamo expresado en las casillas en la jornada de Revocación de Mandato, a efecto de corregir errores y enderezar el rumbo.
Para enviar un mensaje a su gabinete en el sentido de que, si él no sostendrá en cargos a su propia familia, menos va a sostener en puestos a familiares de sus funcionarios, como tampoco va a sostener cuotas y cuates. Ya se sabrá este miércoles.
Un día antes, porque formalmente Salomón Jara no puede anunciar la renuncia de miembros de la dirigencia partidista, pues la presidencia y la secretaría general son electas por el Consejo Estatal de Morena, no por él. Que, si la mayoría de las cien personas consejeras eligieron a Emmanuel y a Shabin atendiendo “línea” del mandatario, es práctica política, la cual, por cierto, no debería darse en un partido que enarbola la transformación.
Y es aquí donde viene la polémica sobre el nepotismo, el cual se comete por el servidor público “que, valiéndose de las atribuciones o facultades de su empleo, cargo o comisión, directa o indirectamente, designe, nombre o intervenga para que se contrate como personal de confianza, de estructura, de base o por honorarios en el ente público en que ejerza sus funciones, a personas con las que tenga lazos de parentesco por consanguinidad hasta el cuarto grado, de afinidad hasta el segundo grado, o vínculo de matrimonio o concubinato.”
Por tanto, esta disposición de la Ley General de Responsabilidades Administrativas no aplica en los casos de Emmanuel y Shabin, pues jurídicamente no hay nepotismo.
Entonces ¿debían renunciar a sus cargos en la dirigencia estatal de Morena?
Sí.
Primero porque en sus casos se da una especie de ‘nepotismo político’ de praxis. Y la ciudadanía solo se fija en la existencia del vínculo familiar y punto. Vínculo que generó malestar no solo entre la gente común, sino también entre mismos morenistas, no solo en los casos de Emmanuel y de Shabin, sino en los demás casos de familiares con posiciones en las dependencias estatales.
Segundo, porque fallaron como dirigencia estatal de Morena en cuanto a la consolidación de una base militante comprometida. La jornada de Revocación de Mandato, que, si bien no podían operar como partido político por impedimento legal, no reflejó la convicción de una militancia de carne y hueso.
Incluso, nunca debieron aceptar su elección para presidente y secretario de organización de Morena-Oaxaca a sabiendas de la ámpula a generar, lo cual dañó la imagen de Salomón, la de este partido político y la de ellos mismos.
Por lo tanto, debían ser los primeros en renunciar; si no por “nepotismo” (político), sí por ineficiencia.
Nada más que la renuncia sea real. No pase lo de Noé Jara que renunció a la Secretaría de Gobierno del Municipio de Oaxaca de Juárez, sin embargo, continuaba apareciendo en actividades del ayuntamiento y su gente sigue figurando en la estructura municipal. La ciudadanía ya no es ciega ante simulaciones.
CASO SARA
El caso de Sara Mariana Jara Carrasco es injusto porque se trata de una profesionista con trayectoria propia en materia electoral de más de diez años (mínimo). Además, su designación como secretaria general del Tribunal Electoral del Estado de Oaxaca (TEEO) no la hizo el gobernador, sino la designación es competencia de este órgano autónomo.
Desafortunadamente le tocó la mala suerte de la llegada de su tío (primo de su papá) a la gubernatura de Oaxaca. Así que se trata de un caso donde la más perjudicada es Sara Mariana, joven estudiosa, talentosa, que debe sacrificarse para salvar la imagen de Salomón.
Ella puede defenderse argumentando estar ejerciendo sus derechos político-electorales, pero el ánimo político está tan incendiado en contra de los Jara, que ni la ciudadanía en gran parte ni los adversarios del tío darán tregua, sobre todo cuando el gobierno de Salomón entró a la recta rumbo a la sucesión.
Al menos que quede a salvo su honra como una mujer profesional del Derecho Electoral, con luz propia, ajena a la carrera política de Salomón.
LOS OTROS CASOS
Hoy se sabrá qué pasa con los demás casos envueltos en señalamientos de ‘nepotismo’, que en términos jurídicos no lo son, pero política y socialmente sí, incluidos los Bolaños que existan en la estructura del Ejecutivo estatal. También falta que ahuequen el ala los familiares funcionarios del gabinete.
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