CRÓNICA POLÍTICA: La consorte del mandatario

Rosy RAMALES

Los conceptos dicen mucho; las actitudes más. Por ejemplo cuando se ve a la esposa de un mandatario muy activa en la vida pública.

Atrás han quedado los tiempos en que la cónyuge del mandatario desempeñaba su rol acompañándolo del brazo estrictamente en determinados protocolos oficiales.

Cuando menos en México.

Aquí, dependiendo del mandatario la esposa ha jugado un papel pasivo o activo en la vida pública; en los gobiernos del PRI y del PAN se desplegó desde la posición de presidenta “honoraria” del Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF).

Incluso, la respectiva esposa de los panistas Vicente Fox Quesada y de Felipe Calderón Hinojosa, Martha Sahagún y Margarita Zavala, públicamente jugaron un papel más activo que las cónyuges de los priistas (con alguna excepción).

Martha se distinguió por su intenso protagonismo político; Margarita fue más prudente quizá considerando que la actuación de Sahagún no le hizo bien al gobierno de Fox; ambas con una trayectoria política previa, sobre todo Zavala, quien era panista de cepa.

Tal vez más de un mexicano, de una mexicana, imaginó que con la llegada de un hombre de ideología de izquierda como Andrés Manuel López Obrador se acabaría cualquier papel activo de la esposa en la vida pública del país, considerando su bandera juarista de respeto a las instituciones y leyes.

Pues conforme a la Constitución Política, se deposita el ejercicio del Supremo Poder Ejecutivo de la Unión en un solo individuo, que se denominará «Presidente de los Estados Unidos Mexicanos”; o sea, el ejercicio de poder debe ser unipersonal, no mancomunado.

Así lo establece el artículo 80 desde 1917.

En fin, con la llegada de AMLO se acabó la figura de presidenta honoraria del DIF-Nacional; su esposa, Beatriz Gutiérrez Müller no quiso hacer el papel de benefactora social, encabezando actos de vacunación, de entrega de juguetes, cobijas, etc. Tampoco quiso ser llamada oficialmente Primera Dama.

Pero su excelente postura, digna de una mujer de ideas progresistas, se vino abajo cuando ex profeso fue creada la Coordinación Nacional de Memoria Histórica y Cultural de México, donde preside el Consejo Asesor Honorario.

Su postura de cambio implícita en su frase “tenemos que comenzar y actuar diferente”, le exigiría desempeñar sus actividades profesionales totalmente independiente del gobierno encabezado por su esposo. Ni siquiera debería acompañar a López Obrador en ceremonias como la de “El Grito” o diplomáticas porque son rescoldos protocolarios de la figura de Primera Dama, que ella tanto despreciaba.

Quienes creyeron en la promesa de la “Cuarta Transformación”, quizá la imaginaron seguir como profesora universitaria como dijo ser su prioridad, como investigadora independiente o escritora. Con todo el tiempo del mundo, alojada en el inspirador Palacio Nacional, ya hubiese publicado al menos diez libros.

Momento ideal para poner en practica en obras literarias lo aprendido como comunicóloga, con el grado de Maestra en literatura iberoamericana realizando un trabajo sobre la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España. Y por si fuera poco, Beatriz es doctora en teoría literaria.

¿O sí encontró el momento ideal? Seguramente por eso el cargo creado ex profeso y entre otras cosas, la idea de recuperar el Penacho de Moctezuma en poder de Austria, la petición de perdón de España a México por la conquista, la visita al Vaticano y su gira por países de Europa.

Quien fuera Beatriz para ejercer la profesión a plenitud, con un marido tan complaciente, y de paso viajar por el mundo sin desembolsar un peso, y hasta ejercer funciones diplomáticas. ¿O ella ha pagado el viaje de su dinero propio? ¿O mida y mitad, pues va desempeñando algunas tareas oficiales?

Por ejemplo, la encomienda de entregar la carta de AMLO al Papa Francisco, con quien conversó; privilegio que no cualquier persona tiene.

“Agradezco a su Santidad haberme recibido, y juntos conversar de los problemas de nuestro tiempo, pero también de las soluciones. Una de ellas, según coincidimos, es la fraternidad, valor que trasciende las religiones y los tiempos. En concreto, mirar al prójimo con ojos de amor y tender su mano para, juntos, salir adelante”, dijo en redes sociales.

Beatriz también se reunió con el mandatario de Italia, Sergio Mattarella, a quien le entregó una carta de López Obrador en la cual solicita su apoyo para el préstamo por un año de algunos códices prehispánicos y de la Colonia que se encuentran en ese país, para exponerlos en 2021 en México con motivo del Bicentenario de la Independencia.

AMLO promete devolverlos sanos y salvos; incluso, ofrece enviar una exposición de piezas prehispánicas o de artistas como Frida Kahlo, David Alfaro Siqueiros o Diego Rivera.

 ¿La misión lleva implícito algún objetivo de investigación de Beatriz?

¡Quién fuera Beatriz! ¿O suerte del Bicentenario de la Independencia de México?

Como sea, Beatriz proyecta una imagen de olvido de la Carta Manga, que en ninguna parte otorga ni siquiera funciones honorarias a la esposa del mandatario.

No es como la consorte en las monarquías.

En Wikipedia se lee lo siguiente respecto al concepto de consorte:

“El consorte (del lat. consors, -ortis, participante) cuando referido a la monarquía designa al cónyuge del monarca. Su tratamiento es diferente según su sexo y el reino al que pertenece. Con frecuencia, la consorte de un rey se designa como reina, pero el consorte de una reina recibe otro tratamiento muy diferente.”

LUEGO NO SE QUEJEN

La actuación AMLO-Beatriz será ejemplo para sexenios posteriores, o en administraciones públicas locales o municipales.

Ni cómo reclamar a sucesores o gobernadores o presidentes municipales, que la respectiva esposa ande metida en asuntos públicos o políticos, o en cultura o en cualquier cargo honorario creado ex profeso en caso de no gustarle el DIF.

Claro, las hay de todo: Protagónicas, socias en negocios inconfesables y damas de la alta sociedad. Pero contadísimas también las hay con vocación de servicio o políticas natas.

Ni cómo reprochar conductas de Martha Sahagún o de Margarita Zavala; incluso, de Angélica Rivera (“La Gaviota”), salvo situaciones de desvío de recursos públicos.

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Correo: rosyrama@hotmail.com

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