CRÓNICA POLÍTICA: La salud debería estar por encima de cualquier proyecto político

Rosy RAMALES

En los últimos días ha habido una noticia buena y correlativamente otra mala.

La mala: El Consejo de Salubridad General en su página electrónica ya había publicado la “Guía Bioética de Asignación de Recursos de Medicina Crítica”, donde la edad es uno de los criterios para salvar más vidas de pacientes por COVID-19 en nuestro país.

La buena: Tal criterio, así como el azar, fueron eliminados en el nuevo proyecto de Guía (revisado en estos momentos por el referido Consejo) tras la polémica y duras críticas en contra del Gobierno Federal de la “Cuarta Transformación”, sobre todo por haber dado prioridad a los jóvenes sobre los adultos mayores.

Bueno, pues el azar y el salvar la mayor cantidad vidas-por-completarse ya no formarán parte de los factores en una Guía cuyo contenido chocaba brutalmente con valores éticos; parecía elaborada más bien en base a criterios económicos y deshumanizados en base a argumentos abstractos.

No obstante la buena nueva, sigue habiendo noticia mala porque el Consejo de Salubridad General, el cual depende del Gobierno Federal, insiste en contar con una Guía para la asignación de recursos durante la etapa crítica de la pandemia por COVID-19.

En otras palabras, una Guía para determinar quién vive y quien muere. ¿O no es así? Si no fuera así, entonces que alguien explique al pueblo mexicano de qué se trata. Pero no con palabras cantinflescas, sino de manera clara y con argumentos sólidamente creíbles.

Salvar vidas es un deber de cualquier gobierno, puesto que la vida es el primer derecho humano; incluso fundamental cuando se encuentra consagrado en la Carta Magna.

Entonces, ¿por qué en México insisten en la elaboración de una guía para la asignación de recursos durante la etapa crítica de la pandemia por COVID-19?

“Es que en otros países se ha hecho”, ha sido la respuesta. ¿Y por qué México debe seguir el modelo de otros Estados nacionales? ¿Por qué no mejor es ejemplo mundial intentando salvar el mayor número de vidas?

El nuevo proyecto de Guía parece llevar implícita una filosofía distinta. Incluso, el solo hecho de elaborar con una Guía de tal naturaleza en sí misma representa una política gubernamental mediante la cual se intentará salvar algunas vidas, no todas.

¿Quién tendrá derecho a ingresar a terapia intensiva? ¿A ser beneficiado con un respirador? Pues según se entiende, aquellos pacientes que tienen mayor probabilidad de sobrevivir con la ayuda de la medicina crítica.

Si México contara con la infraestructura hospitalaria adecuadas, ventiladores suficientes y con el personal médico necesario, no habría necesidad de optar por los criterios de una “Guía Bioética de Asignación de Recursos de Medicina Crítica”.

Quizá el gobierno argumente a su favor la existencia de una serie de deficiencias en el sector salud que vienen arrastrándose desde hace incontables sexenios priistas, pasando por los periodos panistas.

Ciertamente. Sin embargo, el actual Gobierno Federal morenista tampoco ha dado prioridad al sector salud. Aunque en descargo, también es cierto que un año cuatro meses son pocos como para remediarlo de tajo.

No obstante, la pandemia por COVID-19 urge a volcar todos los recursos y toda la atención a la salud de los mexicanos; máxime tratándose de un gobierno encabezado por una persona como Andrés Manuel López Obrador que enarbola la honestidad, la moral y la lucha en contra de la corrupción.

Entonces, la salud debería estar por encima de cualquier proyecto político.

Seguramente para él representaría una derrota cancelar o posponer la construcción del Tren Maya, la Refinería de Dos Bocas y el Sistema Aeroportuario de la Ciudad de México, para invertir los recursos económicos correspondientes en la salud de los mexicanos.

Y probablemente la oposición lo vería así, como una derrota de AMLO.

Sin embargo, cabe la posibilidad de que los habitantes comunes lo vean diferente: Como la gran acción o el gran sacrificio del presidente López Obrador a favor de las y los mexicanos, cuya prioridad fue salvar todas las vidas por igual aún en las peores condiciones.

Recuerdo las palabras de una doctora cuando atendía a una persona cuyo pronóstico de vida más bien era de muerte inminente porque tenía destrozados los órganos internos: “Desde el primer momento hasta el último, nuestra misión es intentar salvarlo, siempre”.

Esa es la ética médica. Otra cosa es la medicina crítica política ante la incapacidad gubernamental en materia de salud.

Incluso, hay quienes todavía creen en los milagros.

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Correo: rosyrama@hotmail.com

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