Agustín Basave Benítez, al tomar posesión como presidente nacional del PRD, pronunció un discurso en el cual traza las líneas a seguir por este partido político en su futuro inmediato. Aquí el discurso completo:
LOS EXILIADOS DEL AUTORITARISMO
Mi presencia hoy aquí es el resultado de dos factores venturosos. Uno es la conciencia del tamaño del desafío que enfrentamos, traducida en audacia por un partido que conserva los arrestos para ver más allá de una coyuntura desfavorable, el otro es la generosidad que permea de arriba abajo al Partido de la Revolución Democrática, una organización que emula en su ámbito político partidista la mejor tradición de hospitalidad mexicana y que ha abierto sus puertas a una inmigración que incluye, entre otros, a los exiliados del autoritarismo que buscan un proyecto justiciero. Por ello, lo primero que quiero decirles es gracias. Hace muchos años aprendí de mi padre que la gratitud, antes que un deber, es un privilegio. Y hoy soy un hombre privilegiado porque puedo agradecerles que me hayan otorgado el máximo honor de mi carrera política.
UNA LECCIÓN DE DIGNIDAD
Agradezco también el trabajo arduo de Carlos Navarrete, de Héctor Bautista y de los integrantes del actual Comité Ejecutivo Nacional durante este año infausto que tuvieron que en enfrentar. A Carlos le reconozco su entereza para dejar un cargo al que llegó con plena legitimidad, cuando una adversidad de la que no fue responsable le impidió continuar su tarea. Y lo mismo puedo decir de Héctor, quien con arrojo impulsó el viraje que el partido requería. Ambos dieron una lección de dignidad a muchos funcionarios públicos que se aferran a sus cargos cuando su propia negligencia les obligaría a renunciar.
NO HAY TIEMPO QUE PERDER
Nos aguardan tiempos difíciles. Tenemos que prepararnos para contender en los procesos electorales de 2016, en los cuales estarán en juego 12 gubernaturas, 1,401 presidencias municipales y 416 diputados locales, y al mismo tiempo tenemos que emprender un proyecto de transformación profunda del partido. De estas elecciones basta decir que debemos encararlas con las mejores estrategias, aquellas que nos permitan fortalecemos a mediano y largo plazo. Es nuestro reto inmediato y no tenemos tiempo que perder. Habremos de analizar cuidadosamente nuestras opciones en cada uno de los estados, siempre en apego a los resolutivos del Congreso Nacional, con el objetivo de todo partido político que es conquistar el poder para ejercerlo de acuerdo con sus principios y su agenda.
POR ENCIMA DE GRUPOS
Para transformarnos debemos gestar si se me permitir adaptar la frase de Mariano Otero un nuevo acuerdo en lo fundamental que cohesione una organización de izquierda tan plural como lo es el PRD. Y para conseguirlo necesitamos reconstruir el consenso ideológico, programático y estatutario que nos rige y establecer las condiciones que garanticen que tengamos corrientes de opinión y no de presión y que la lealtad al partido esté siempre por encima de la lealtad a cualquiera de nuestras expresiones. Por mi parte, me mantendrá por encima de todos los grupos y haré lo que tenga que hacer para lograr una reconciliación interna que restañe viejas heridas y que nos permita trabajar en unidad y armonía, con la convicción de que el adversario está no está dentro del partido.
Voy a reiterar algo tan obvio como olvidado todos nosotros somos, en primer lugar, perredistas, y nuestro compromiso es con México y con nuestro ideario común. Trabajemos juntos, sin faccionalismos, para revitalizar a nuestro partido y rescatar a nuestro país de la crisis que lo ahoga. Cito a dos precursores de nuestro partido, Heberto Castillo y Gilberto Rincón Gallardo, ambos enemigos del sectarismo: “ la ignorancia es el mejor alimento de los sectarios”, decía el ingeniero, y Gilberto alertaba del “peligro del sectarismo (de la izquierda), que la ha alejado de las demandas y preocupaciones, de los grandes grupos de ciudadanos, y electores”. Escuchémoslos.
DESAFÍOS DEL RENACIMIENTO DEL PRD
La redefinición identitaria
El renacimiento del PRD comprende dos grandes desafíos. El primero de ellos es la redefinición identitaria. Nuestra identidad se ha desdibujado por las razones que todos conocemos, y urge que le digamos con toda claridad a la sociedad quiénes somos, por qué luchamos y en qué nos distinguimos de las demás opciones partidistas. Somos un partido de izquierda democrática, un instituto político progresista respetuoso del Estado de derecho que no va a renunciar nunca a la indispensable movilización pero que cree en el imperativo de cambiar a México por la vía electoral y mediante la adopción de nuevas leyes e instituciones.
Está en nuestro programa: pugnamos por una nueva Constitución que haga exigibles los derechos sociales y un régimen parlamentario que concilie pluralidad y gobernabilidad. Somos un partido que asume como máxima prioridad el combate a la desigualdad y a la corrupción, los dos tumores cancerosos cuya metástasis está destruyendo el tejido social de nuestro país, y que defiende una agenda que incluye tenas cruciales de género, del derecho a la diferencia, del medio ambiente, de las drogas como un problema de salud. Y somos un partido consciente del hartazgo y de la indignación de la ciudadanía, dispuesto a escucharla, a corregir los vicios de la partidocracia y a acercarse a ella para representar sus causas.
No puede haber democracia sin partidos políticos, pero menos puede haberla sin ciudadanos. Cuando el demos se aleja del cratos se disloca el mejor sistema que se ha inventado para articular la convivencia humana. La deserción democrática-la crisis de la democracia representativa- es la enfermedad política del siglo XXI, y por su historia y por su naturaleza el PRD tiene la obligación de tender puentes a los mexicanos desencantados y defender su legítima voluntad de reivindicación participativa.
El rescate de la ética política
El segundo desafío es el rescate de la ética política. Tenemos que limpiar nuestra casa, depurar nuestras prácticas. En el PRD no debe haber lugar para los corruptos. Si no demostramos a la sociedad que asumimos en los hechos el compromiso con la honradez no podremos ganar el apoyo que necesitamos para salir adelante. Lo dije y lo sostengo en México, hoy por hoy, no hay nada más revolucionario que la honestidad. Cierto, en muchos aspectos de nuestra vida interna habremos de mirar al futuro, pero en este debemos volver a los orígenes y recobrar el espíritu idealista y limpio de los viejos luchadores sociales de nuestra izquierda. Hagamos funcionales las sanciones para que a nuestros cuadros, a nuestros dirigentes y a nuestros gobernantes resulte inconveniente corromperse.
El poder, por su naturaleza, no es comedido, es expansivo; tiende a ejercerse hasta el límite de lo contraproducente, sólo cuando el costo de abusar de él es mayor que su beneficio es posible esperar que quieres lo detentan actúen con integridad. He aquí, dicho sea de paso, el gran drama mexicano, es más fácil y práctico evadir o violar la ley que cumplirla, y en semejantes condiciones esperar un apego generalizado a la legalidad es esperar una sociedad de apóstoles.
Vigilemos a nuestros gobiernos, seamos más cuidadosos en la selección de nuestros candidatos. No solapemos a ningún delincuente que se escude tras de nuestro emblema, por poderoso o útil que sea, más vale perder una clientela que recibir el repudio ciudadano. Pero cuidado, tampoco permitamos que el gobierno actúe de modo selectivo y faccioso para golpearnos de cara a un importantísimo año electoral. Exijamos que la justicia sea ciega y, antes, que los aparatos de inteligencia, de seguridad y de procuración de justicia sean daltónicos, que no distingan colores partidarios, que no actúe sólo contra los nuestros y deje impunes a los suyos.
UNA OPOSICIÓN FIRME
Me detengo en este punto para señalar otro rasgo identitario que debemos delinear. Que quede claro; el PRD es a nivel nacional un partido de oposición. No somos opositores solamente porque no tenemos la Presidencia de la República ni la mayoría en el Congreso, somos opositores porque este gobierno priista, que llegó al poder con el mantra subrepticio de que ellos son corruptos como todos pero eficaces como nadie, ha aprobado con creces su corrupción pero no ha mostrado ningún signo de eficacia.
Por eso, porque le está haciendo daño a nuestro México, debemos ser una oposición firme e inequívoca. Es nuestra responsabilidad, por lo demás, confrontar a un gobierno que intenta restaurar el antiguo régimen autoritario, que ha sido incapaz de detener la violencia y la violación a los derechos humanos, que ha propiciado un estancamiento económico y un justificado enojo social y, sobre todo, que ha denotado una crisis moral sin precedentes.
No es fortuito que siete de cada diez mexicanos lo reprueben, ni deben sorprendernos los datos del Latinobarómetro 2015, que nos sitúa en el sótano de la confianza democrática en América Latina, no se necesita ser catastrofista para diagnosticar un riesgo de estallido social. Ahora bien, no entiendo la política como diálogo y estaré en la mejor disposición de hablar con este gobierno y con su partido cuando sea necesario. Pero en el diálogo puede haber coincidencias y discrepancias y, si bien siempre hay espacio para acuerdos coyunturales, el tiempo de los pactos ha terminado. Que nadie se confunda voy a encabezar un partido opositor, y no me temblará la voz para denunciar las corruptelas gubernamentales que lastiman a la gente
LA TRANSICIÓN DEMOCRÁTICA
La transición democrática que pretenden revertir, por cierto, no puede explicarse sin el PRD. Este sol azteca que pese a todo sigue saliendo todos los días brilló en la era finisecular para muchos mexicanos que no habían tenido un partido que los defendiera. Es nuestro turno. Ahora nos toca a nosotros conseguir que el México de mañana goce de una democracia cabal, una que realice su etimología al pie de la letra y nos dé un gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo.
Leamos bien esta frase: no se necesita mucho más para construir nuestro proyecto de Nación. Elevemos la mira y tomemos en nuestras manos la misión democratizadora en su más profundo significado. Nuestra transición culminará cuando esta izquierda que representamos llegue a gobernar y a transformar a nuestro país.
Yo invito a las y los jóvenes progresistas a abrazar el filoneísmo, a hacerse amigos de la renovación radical, a aceptar el reto de que el país que su generación deje a la que les sigue no pueda entenderse sin el nuevo PRD que ellos mismos construyan. Los invito a sumarse hoy a una cruzada por la creatividad para edificar esa hazaña. Incito a la juventud a dignificar la política, a vincularla inescindiblemente con la ciudadanía.
Si la política es el arte de usar la razón propia para despertar la pasión ajena, que sea su razón y su pasión las que enciendan a México y la lleven a emprender el asalto de la altura. Sé de su escepticismo, de su desconfianza. Los comprendo. En una crítica a la filosofía, Hegel dijo que la sabiduría es como el ave del crepúsculo, que emprende el vuelo a la hora que el sol se pone. Los jóvenes bien podrían hacernos un reclamo similar, porque hace mucho tiempo que cayó la noche de la desigualdad y la corrupción y no han visto al Búho de Minerva desplegar sus alas. No les pido que me sigan, les pido que me empujen.
HACIA EL RENACIMIENTO
Compañeras y compañeros, no me mueve la ingenuidad sino la esperanza. Sólo, nada podré hacer, con el apoyo de ustedes, podré dirigir el partido hacia su renacimiento. Separados, enfrentados, disputando jirones de nadería, no llegaremos a ningún lado, juntos, con espíritu de cuerpo, manteniendo nuestras diferencias pero trabajando hombro con hombro por el bien del PRD, podremos llegar muy lejos. Les ofrezco un liderazgo honesto con ánimo reunificador y renacentista.
Tenemos todo lo necesario para cerrar el abismo que existe entre la sociedad política y la sociedad civil y liderar un proyecto de nación verdaderamente incluyente. Tenemos más de cuatro millones de mexicanas y mexicanos en nuestras filas, tenemos militantes limpios que se han jugado de vida por nuestro ideario, tenemos la bandera a la que la humanidad está regresando después de una desastrosa aventura derechizadora.
Si la historia reciente nos ha enseñado algo es que el neoliberalismo ha provocado una democracia hemipléjica, con su mitad izquierda paralizada, y una turbulencia cívica global que amenaza con destruir los avances de esta civilización. Por eso podemos decir que tenemos la razón histórica de nuestro lado. Y por eso podemos decir que tenemos derecho a la esperanza y que estaremos obligados a dársela a este México desencantado.
ALLÁ AFUERA
Permítaseme concluir con una nota personal. De mi esposa y de mis tres hijos recibí el ímpetu para estar hoy aquí. Ellos me devolvieron la obsecación de la búsqueda, la indignación ante la desigualdad y el idealismo que se me había dormido en las entrañas. Y ella me dijo lo que necesitaba escuchar: “si llegar, no olvides por qué y para quiénes estarás ahí”. No pude recibir mejores consejos. La realpolitik a menudo nos hace desviar nuestra energía hacia la politiquería y nos hace olvidar nuestra verdadera razón de ser. Por eso hoy les pido que recordemos todos los días cuál es nuestra lucha y dónde están los seres humanos por quienes debemos luchar.
Aquí adentro, en este salón, estamos un puñado de mujeres y hombres afortunados. Vivimos bien, hemos estudiado, podemos hacernos escuchar, tenemos recursos para quejarnos cuando somos víctimas de una injusticia. Allá afuera hay millones de personas que no pueden satisfacer sus necesidades más elementales, que padecen discriminación, que gritan y sólo producen silencio, que no tienen acceso a una buena educación, que nos cuentan con servicios de salud y que ven la justicia como un bien inalcanzable.
Allá afuera hay miles y miles de personas indignadas, exasperadas ante representantes que no las representan porque responden a intereses de quienes tienen bastante dinero para comprar su conciencia. Allá afuera hay muchísimas personas frustradas por su impotencia frente a la corrupción, frente a la injusticia, frente a la inseguridad, ciudadanos que han padecido la extorsión de alguna autoridad o de algún criminal, que han sufrido el asesinato o la desaparición de un ser querido, que carecen de instrumentos para castigar la deshonestidad o la incapacidad de sus gobernantes.
Allá afuera esta la intemperie. Allá afuera tenemos que estar, allá afuera tenemos que trabajar por las causas a las que nos debemos.
Arreglemos ya nuestros problemas internos, depuremos y cohesionemos de una vez por todas a nuestro partido y pongamos nuestras fuerzas y nuestras capacidades al servicio de los desposeídos de la clase media desempoderada, de esa mayoría que no se siente representada por ningún partido político, de ese pueblo que espera que alguien haga realidad su calidad de soberano.
Allá afuera, compañeras y compañeros, están las mexicanas y los mexicanos por quienes tenemos que hacer de México nuestra casa común, con un piso de bienestar que impida la caída de los débiles, un techo de legalidad que detenga la fuga de los poderosos, y cuatro paredes de cohesión social que hagan de la nuestra una Patria para todos.
Muchas gracias.
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