EN OTRO CANAL: A qué hora se gobierna

Armando REYES VIGUERAS

Parece un guión, pero lamentablemente no es para una película, sino para gobernar a una país. Un presidente se presenta diario ante las cámaras para presumir sus datos y acciones de gobierno, pero sin ofrecer resultados, aunque sí para rebatir lo que algunos medios o periodistas publican, pues el guión indica que es el más querido, el más votado y quien pasará a la historia como el mejor que ha tenido la nación. Es la lucha de una ficción contra la realidad que vivimos millones de mexicanos cada día.

El script presidencial

Diariamente hay una conferencia de prensa en Palacio Nacional, precedida de una reunión para analizar el tema de seguridad pública. Posteriormente, hay una gira por varios estados del país en lo que sobresalen los discursos y el acercamiento de la gente con el mandatario, además del tiempo que tarda en llegar por hacer uso de vehículos o aviones comerciales. En algún momento, se graban videos para las redes sociales del presidente y, desde luego, se mantienen sus deseos de practicar su deporte favorito o descansar.

Este recuento retrata un día normal en las actividades del titular del ejecutivo federal.

Sin embargo, los resultados en temas como seguridad pública, empleo, crecimiento económico o salud muestran cifras negativas.

Por lo anterior, y pese al optimista discurso gubernamental y a la corte de propagandistas que sostienen que sí se trabaja, es pertinente preguntar a qué hora se gobierna.

Y es pertinente preguntar, porque la estrategia de abrazos en lugar de balazos no ha funcionado, como Omar García Harfush lo pudo comprobar hace poco en Paseo de la Reforma.

La curva no se ha aplanado y la situación por el coronavirus no está controlada como apuntan las 40 mil muertes que se han presentado.

Cabe preguntar por qué a pesar de que lo importante es medir la felicidad mediante un nuevo índice que sustituya al Producto Interno Bruto, los empleos perdidos se cuentan por millones de acuerdo a datos del propio IMSS, recordando que sin ingresos no hay felicidad.

Incluso es conveniente preguntar, a pesar de la queja de que se busca afectar a su gobierno, si gobernar es permitir que programas que se presumieron tanto, como Sembrando Vidas, no haya cumplido sus objetivos o que una empresa en la que se ha invertido tanto, como Pemex, siga teniendo pérdidas.

Y en el caso del combate a la corrupción, uno de los temas preferidos de las mañaneras, es necesario preguntar que empresas han sido sancionadas o quienes han sido llevados ante un juez por la corrupción del Aeropuerto de Texcoco, pues ese fue el argumento para cancelarlo.

También se tiene preguntar por qué se defiende a funcionarios públicos señalados de irregularidades, si por señalamientos menores a los que se hace actualmente ya se exigía una renuncia inmediata y el destierro de la vida pública.

Y además hay que cuestionar acerca de promesas incumplidas de campaña como la que decía que se iba a convocar a la reconciliación nacional, la que apuntaba a que íbamos a tener un crecimiento de 4%, una mejora en el sistema de salud, la eliminación de la violencia asociada a la delincuencia y, sobre todo, a que serían diferentes a sus antecesores.

Pero el problema es que tenemos un presidente más interesado en pelear con sus adversarios, reales o creados a modo, que en buscar soluciones para los problemas que tenemos como país.

Un ejemplo es el desplegado “contra la deriva autoritaria y en defensa de la democracia”, para el cual el presidente tuvo tiempo para contestar, cuando se ha negado a reunirse con familiares de víctimas o desaparecidos, o para dialogar con empresarios o gobernadores.

El video en el que contesta nos muestra en que se utiliza el tiempo del presidente, lo cual con lo que consume en traslados en carretera o en aviones comerciales no deben dejar mucho margen para encontrar las medidas a tomar para asuntos como el desempleo, la inseguridad o la crisis de salud.

La falta de resultados es reflejo de esta manera de gobernar, como también lo es la estrategia de propaganda que busca que todas las críticas sean respondidas y los autores de las mismas amedrentados, inclusive los mensajes en medios de comunicación del gobierno federal tratan de mostrar que sí se está haciendo algo en ciertas materias, como es el caso de los apoyos a los microempresarios afectados por el parón económico, a pesar de lo cual las quejas en los mismos medios y redes sociales van en aumento.

Pero si el presidente tiene tiempo para ir a comer a un restaurante de lujo, a pesar de la austeridad que pregona, y de atender a su propagandista de cabecera en Palacio Nacional, además de lo que le dedica a su deporte favorito, el beisbol, ya sabemos que tantos años invertidos para alcanzar la presidencia fueron por una mera obsesión y no por el deseo de mejorar al país.

¿Tendrá el presidente tiempo para demostrar lo contrario?

@AReyesVigueras

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