EN OTRO CANAL: La influencia de AMLO

Armando REYES VIGUERAS

El líder dice que está protegido contra de la Covid-19 por los detentes que porta y muchos mexicanos corren a comprar uno para emularlo, en tanto que otros se niegan a usar cubrebocas porque él no lo usa, además de que aceptan el llamado y acuden presurosos a firmar en una consulta para enjuiciar a expresidentes, como si la aplicación de la ley fuera motivo de ese tipo de prácticas y no de un riguroso ejercicio sin pedir la opinión del pueblo. Pero se trata de la influencia que el presidente ejerce en buena parte de la población, incluida la oposición que discute los temas que él pone sobre la mesa.

Ejemplo para todo

Se trata de un fenómeno complejo, en el cual la propaganda domina el escenario nacional y en el cual todo mundo participa de una u otra manera en la difusión de los temas que son dados a conocer en la conferencia mañanera, pero que esconden la construcción de un proyecto que ha logrado crear al político más influyente en las últimas décadas en el país.

Los ejemplos abundan para darnos una idea de que estamos ante un caudillo que sabe muy bien que su influencia es decisiva para apuntalar su proyecto político, no por otra cosa los aspirantes a dirigir Morena siempre buscan señalar que van a apoyar el proyecto del presidente, que buscan encabezar al partido como parte del lopezobradorismo o, en un caso extremo, evitar que se convierta en un lastre para el mandatario.

Pero no sólo dicha influencia se refleja en seguir su ejemplo, sino en mantenerlo en un pedestal para desde abajo admirarlo. Así, Alejandro Rojas Díaz Durán pide que el estado natal del líder se llame de López Obrador, en tanto que Layda Sansores asegura orgullosa que cada cien años nace un líder como el que ahora tenemos despachando desde Palacio Nacional.

Recuerda Jesús Ortega que en el Mercado de Sonora ha aumentado la venta de detentes, motivado por el ejemplo que ha dado el presidente que, según su alumno y subsecretario, no es fuerza de contagio, sino moral, esto en el marco de las más de 70 mil muertes debido al Covid-19.

Y es que es llamativo que se presente este fenómeno a pesar de la manera en que López Obrador ha buscado dejar de gobernar –entendiendo esto como algo que debe hacerse sin distingos de credo o preferencias políticas– para todos los mexicanos para hacerlo exclusivamente para su proyecto.

No dialogó con Cuauhtémoc Cárdenas cuando propuso una serie de medidas para enfrentar la crisis económica, quizá porque pedía cancelar sus obras que –de acuerdo a sus aspiraciones– lo llevarán a las páginas de los libros de historia.

Tampoco quiso dialogar con Javier Sicilia, porque no quería lastimar la investidura presidencial, aunque sí lo hizo con la mamá de Joaquín Guzmán Loera, tal vez porque hasta entre los mexicanos hay niveles e importa más un delincuente que un poeta con un hijo muerto.

Y sorprende dicha influencia cuando es difícil dialogar con quien se especializa en poner apodos y calificativos con quienes no comparten su visión de cómo debe ser el gobierno, por lo que las puertas del diálogo se han cerrado y atrancado con etiquetas como fifís, conservadores, neoliberales, corruptos, porfiristas y demás nombres que usa para referirse a los demás, siempre a los demás que no concuerdan con sus deseos.

Pero tampoco nos debe sorprender, pues en el debate presidencial en la campaña de 2018 su participación más recordada es cuando le dijo al candidato del PAN-PRD, “Ricky, riquín, canallín”.

Sus embates contra la prensa han generado que en redes sociales se ataque a varios periodistas y medios, como cuando sus huestes llamaron traidora a Carmen Aristegui o las campañas que se han emprendido en fechas recientes contra Nexos o Letras Libres, llegando al extremo de que el director del Fondo de Cultura Económica –e hijo de exiliados– pidiera a los directores de ambos medios que se exilien, además de amenazar con que se les seguirá investigando.

Pero el punto más negativo de esta influencia se ubica en el constante intento por esconder la realidad y hacer creer que “vamos muy bien”, como le gusta repetir en sus mañaneras al presidente.

El problema es que ese “vamos muy bien” no corresponde con los millones de desempleados o con los millones que han visto reducir sus ingresos, con los más de 70 mil muertos por el Covid-19 o los problemas por la inseguridad o los temas que han generado los cientos de protestas que vemos, desde mujeres quejándose por la violencia de género o sus hijos desaparecidos, hasta agricultores o trabajadores que han perdido sus puestos de empleo.

Jean Marie Domenach señaló que “a los pueblos les gusta soñar, pero también llega un momento en que ya no quieren que se les cuenten más historias y comienzan a exigir hechos, cifras, testimonios”. La pregunta que surge es si nuestro pueblo llegará a dicho momento o seguirá en el embeleso de un líder que se dice austero, pero que tiene una familia de prósperos empresarios y gobierno con funcionarios acusados de corrupción.

@AReyesVigueras

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