EN OTRO CANAL: Ojos bien cerrados

Armando REYES VIGUERAS

No hay duda de que la política es un terreno para el encuentro de diferentes posturas, sin embargo en el actual sexenio es una arena que ha quedado cerrada para los que no comulgan con el líder en turno. El informe del pasado domingo 5 de abril mostró que la 4T entró en una nueva fase de radicalización, en la que sólo se gobernará para quienes votaron por él líder.

Encuentros y desencuentros

Hay que empezar a reconocer los otros logros del gobierno de López Obrador.

Además de cancelar la reforma educativa, combatir la corrupción –aunque sin resultados palpables–, los programas de apoyos directos, las obras en las que insiste en continuar a pesar de su inviabilidad, también ha logrado detener el crecimiento económico de México, debilitar su sistema de salud y poner en riesgo miles de empleos.

Pero quizá lo más importante es lograr tener una sociedad polarizada como nunca antes en su historia.

No hay diálogo, no hay reconciliación como se prometió aquella noche de julio de 2018 en la que festejó su triunfo electoral, no hay otra forma de hacer las cosas que como lo manda el señor de Palacio Nacional.

Imperan los otros datos, incluso en contra de lo que informan las propias dependencias oficiales, como fue el caso de Hacienda y las proyecciones para 2021, así como el resentimiento a todo lo que no hizo, que para el titular de ejecutivo es malo sólo por ese hecho.

También impera una visión única, una centralización del poder y la intención de gobernar sólo para quienes votaron por el líder.

Por supuesto que la oposición partidista ha hecho su parte en este problema, al carecer de estrategias, al no buscar un diálogo –aunque afirmen lo contrario– de manera más inteligente y no ofrecer propuestas a una sociedad que ve como pasa el tiempo y las cosas no mejoran.

La radicalización, como se vio la tarde del 5 de abril, está en marcha. En redes sociales se dió las instrucción de como apoyar al presidente, incluso con una gran cantidad de imágenes que buscaban resaltar sus logros, mismos que indican que sólo se busca predicar entre creyentes.

Y esta es una parte preocupante de la radicalización que viviremos en los próximos meses.

La exclusión de quienes piensen distinto y, por lo tanto, los ataques en contra de las voces incómodas se dará de manera más intensa, pues la idea es mostrar a un líder perfecto, que no se equivoca, por lo que los problemas que enfrentamos –en economía, seguridad, salud, empleo y demás–, serán culpa de quienes no quieren que el país mejore.

El discurso presidencial se dirigirá hacia su público, con la información que quieren escuchar, sin importar que la realidad tenga otros datos.

Las redes sociales serán el principal vehículo de comunicación del gobierno federal, gracias a los incondicionales que han reclutado desde hace tiempo, quienes se encargarán no sólo de difundir el mensaje, sino de defenderlo ante los críticos.

Tampoco habrá diálogo con otros sectores, principalmente los empresarios, quienes sufrirán el embate de la 4T, en tanto los demás enfrentarán oídos sordos, como es el caso de Cuauhtémoc Cárdenas y los que como él han hecho públicas sus propuestas.

Los partidos de oposición seguirán avasallados por las mayoría legislativa en las cámaras, mostrando también que son parte del problema, con contadas excepciones.

El resultado de esta radicalización se verá en las elecciones de 2021, luego de los efectos que le crisis económica y la de salud nos dejen en el país.

Si consideramos que una constante de los defensores de la 4T es presumir los 30 millones de votos que lograron en 2018, los cuales no representan una mayoría, la oportunidad para que el resto se una para empezar a enderezar el rumbo parece clara.

Por supuesto que una oposición partidista dividida, ineficaz y que no deja de lado sus diferencias no es garantía de que esto pase, por lo que se puede esperar que surjan algunos liderazgos desde la sociedad civil que logren impulsar candidaturas que arrebaten los triunfos a un gobierno que se meterá hasta las cocina en los próximos comicios.

Es así que debemos dar la bienvenida a una nueva etapa en el país, una en la que tendremos un gobierno de un solo hombre y que buscará gobernar sólo para sus votantes, excluyendo a la mayoría.

Será una etapa en la cual el discurso oficial será más agresivo y se buscará acallar las voces incómodas.

Podremos atestiguar a algunos miembros del gabinete que buscarán corregir las cosas o seguir como complices o en el papel de secuestrados, sin poder hacer algo.

Quizá haya traiciones, aunque el miedo que se le tiene al líder y su poder harán que sean las menos.

Bienvenidos a una etapa de polarización en la que ya no se puede permanecer neutral, ni tratar de defender lo indefendible ante quien cierra los ojos a una realidad que no es un país de 30 millones de mexicanos que votaron por él, sino una de 60 millones de electores que no lo hicieron y piden otro tipo de acciones.

@AReyesVigueras

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