EN OTRO CANAL: ¿Qué tan cansada está la ciudadanía de la política?

Armando REYES VIGUERAS

La política es el tema que más se comenta en estos días, sobre todo la que tiene que ver con la doble crisis que atravesamos –de salud y económica–, pero que se hable mucho de este tema no significa que sea algo que la gente prefiera hacer.

Sin opciones

Sin duda, en especial en estos días de encierro, comentamos mucho de política. En redes sociales, incluyendo chats de WhatsApp, la política está presente, ya sea a través de noticias, opiniones o comentarios que hacemos por algo que se dijo o que pasó.

Además, tenemos a un presidente que habla mínimo un par de horas vía televisión, sin mencionar sus giras y la cantidad de artículos y notas que se producen por esto.

En redes sociales, la política es el campo de batalla entre quienes apoyan a la 4T y quienes buscan detenerla, generando con esto miles de mensajes diarios a favor o en contra.

Pero esto no significa que sea un tema que la gente prefiera por encima de sus aficiones literarias, cinematográficas, musicales, deportivas o de cualquier otra índole.

Hace poco leía al colega Carlos Ramos Padilla, quien en su columna decía que los defensores de la 4T ya cansan con su cantaleta de los 30 millones y demás recursos de defensa, y tiene razón, pero además –agregaría–, también cansan los opositores con sus ataques reciclados del 2006.

Cansan también por subirse a la moda de poner apodos y por difundir más memes que ideas.

Es más, cansa que le den más difusión a un vídeo con las contradicciones en el discurso del presidente, que a los artículos y ensayos de investigadores que documentan los errores del gobierno y como se pudieran enmendar.

Entonces, no nos debe extrañar que en la emergencia por el Covid-19 la gente se preocupe más por salir y reunirse –muchos aburridos por el encierro–, que en seguir las indicaciones para prevenir el contagio, porque son los políticos quienes emiten los mensajes.

Y es que la política, más en nuestros días, puede llegar a aburrir y esto se podría reflejar en una gran abstención en los comicios de 2021.

Además, vemos a los políticos de siempre diciendo los mismos discursos, al grado que la reaparición de Ricardo Anaya fue noticia.

Los nuevos partidos vienen con los mismos políticos, sólo que en un envase diferente.

Quizá la crisis económica y las malas decisiones de gobierno –además de la necedad del presidente–, originen un voto de castigo en contra de Morena, pero quizá eso tampoco haga que el ciudadano salga a las urnas a votar.

Y sin liderazgos que conduzcan el descontento y ofrezcan una propuesta atractiva y novedosa, la gente se puede quedar con lo que hay aunque haya demostrado incapacidad –o corrupción–, como se vio con tantos regresos que ha tenido el PRI.

Si bien no se ha medido el cansancio a la política que tenemos en el país, y la manera en que se ejerce, ya se empieza a notar en algunas expresiones en espacios públicos.

Mucho se ha dicho que hay que elevar el nivel del debate, en especial en redes sociales, pero para hacerlo primero se necesitaría un ciudadano más interesado en participar de manera informada, no un experto de ocasión ya sea en temas económicos, de salud o energéticos.

Por poner un ejemplo, en un artículo para otro medio, escribí que un riesgo que se tiene en estos momentos es que el presidente, en su radicalización, quiera gobernar sólo para sus votantes, a lo que un usuario de Twitter respondió que en donde estaba prohibido eso.

De ese tamaño es la calidad de la participación en este tipo de espacios, lo que explicaría el alejamiento y la poca importancia que se tiene por estos temas, motivado por el cansancio que se tiene por algo que monopoliza el intercambio público.

También esto puede explicar el reinado del meme y el humor como recurso para abordar la política nacional, pues si quitamos estos elementos de la conversación diaria, hay pocos motivos para entusiasmarse.

Cuando el intercambio en redes se centra más en un apodo para el funcionario en turno o si un subsecretario es o no guapo –en opinión de muchas mujeres–, eso significa que el contenido ha sido hecho a un lado y que importa más la forma, ciertas expresiones y no las ideas que deben animar cualquier debate.

En 2021 podemos medir que tan cansada está la ciudadanía de tanta política como la que se práctica en nuestro país, con la polarización que la convierte en un campo de batalla y con una ausencia casi total de ideas, en dónde parece ganar quien grita más y no quien ofrece una propuesta.

Mucha culpa tenemos nosotros de esto, en particular por no exigir que se dejen de lado esas luchas que ya cansan –como el repetido 30 millones o el reciclado «es un peligro para México»–, para obligarlos a qué nos ofrezcan ideas y propuestas para la actual coyuntura.

@AReyesVigueras

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