ANDARES POLÍTICOS: López-Gatell: incapacidad y frivolidad

Benjamín TORRES UBALLE

Distante de la realidad, Hugo López-Gatell, ​​​​​​​subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, permanece extraviado en un pantano ignominioso de donde no atina a salir. Mareado por una endeble fama mediática, soberbio y, por los resultados de su trabajo, muy incapaz, este servil funcionario se convirtió rápidamente en un pesado lastre para la administración obradorista.

Las proyecciones erráticas de López-Gatell son una constante que lo ha convertido en el hazmerreír de la opinión pública. A partir de sus fantasiosos pronósticos, cuestionados por gran parte de la población y no pocos expertos epidemiólogos, su otrora credibilidad cayó velozmente por los suelos.

El inicio de los tropezones, sucedió cuando el maestro en Ciencias Médicas y doctor en Epidemiología –eso describe el sitio oficial de la Secretaría de Salud-, desdeñó la utilidad del cubrebocas. La comunicad científica y médica que investiga y atiende la pandemia provocada por el Covid-19, recomendó, desde el inicio, el uso de esas mascarillas para disminuir la propagación de los contagios. Su equivocación envió un pésimo mensaje a la ciudadanía, incluido el Presidente.

Hoy, cuando la curva pandémica debería estar declinando, según las predicciones de Gatell, sucede lo contrario: México padece la fase más intensa de la enfermedad. Con 299,750 contagios reconocidos oficialmente, nuestro país está colocado en el séptimo lugar a nivel mundial. Logro al que mucho ha colaborado la pésima información que cada noche proporciona el falaz subsecretario.

A pesar de los intentos desesperados por justificar sus dislates informativos a través de una soporífera verborrea, Lopez-Gatell Ramírez es una especie de cadáver político que le está costando mucho al presidente López Obrador sostenerlo artificialmente en el puesto. Especialmente luego de que la semana pasada culpó a los estados de los rebrotes de Covid-19 y exacerbó el tenso ambiente político entre los gobernadores de oposición y el gobierno federal.

No obstante de que los fallidos propósitos del doctor Gatell para matizar la gravedad de la pandemia en México -que ha cobrado hasta la noche del domingo 35,006 vidas-, incluyen omitir el semáforo epidemiológico y dejar de presentar durante su informe nocturno las estadísticas de contagios, fallecimientos, casos activos, y sospechosos, las dudas sobre “sus informes”, aumentan.

Si el Presidente no ha cortado la cabeza al referido subsecretario, no es porque ignore los desatinos, sino porque no quiere concederla a sus adversarios, como él los llama; hacerlo significaría aceptar que se equivocó. Sin embargo, es obvio que lo tiene en mente y esperará el momento adecuado para hacerlo y no dejar la impresión de que claudicó a las exigencias de sus críticos.

Los mexicanos viven hoy una de las crisis más dolorosas de cuantas conforman su vasta historia. Con la crisis sanitaria que a diario devora cientos de vidas, que arruinó la economía de millones de ciudadanos y ocasionó la quiebra de miles de comercios y pequeñas empresas –entes donde se genera la mayor cantidad de empleos-, aderezado todo esto con una violencia que no tiene fin, lo que la sociedad requiere es que se le informe con claridad y veracidad, los engaños no tienen cabida.

Por eso es que los doctos informes de Gatell deberían ser claros y concisos, por crudos que puedan ser. Pero se pide un imposible a alguien que es pronto a la adulación. Baste recordar aquella vergonzosa frase para responder si AMLO podría contagiar durante sus giras: “La fuerza del Presidente es moral, no es una fuerza de contagio”. Esa clase de lisonjas simplemente son abyectas.

Y no se trata de maniqueísmo para de manera simplona descalificar los esfuerzos oficiales, lo que se pide al Gobierno y a su “epidémico” vocero, es no manipular ni maquillar cifras en aras de reducir los costos políticos que necesariamente están presentes en toda crisis. López-Gatell, por ineficiente, errático y hasta soberbio, es insostenible y así debe entenderlo el presidente López Obrador.

No en vano, Octavio Paz, el laureado escritor y Premio Nobel, asegura en su ensayo El Ogro Filantrópico, que “el Estado mexicano padece, como enfermedades crónicas, la rapacidad y la venalidad de los funcionarios”, aquí cabe agregar que el acertado concepto de Paz, puede ampliarse  más allá de lo estrictamente material, de lo monetario, pues bien puede incluir aspectos como la ineficacia, el engaño, y las mentiras a la población. Estas “cualidades” hacen mucho daño social.

“En México, desde el siglo XVI, los funcionarios han visto con desdén a los particulares y han sido insensibles lo mismo a sus críticas que a sus necesidades”, sentencia Octavio Paz en la obra referida. El soberbio subsecretario de Salud, no escapa a la descripción precisa del célebre literato –aunque satisfaga su ego leyendo públicamente poesía-, en tanto cumple a la perfección con el perfil.

Vamos a ver cuánto tiempo más lo sostiene del hilo el mandamás de Palacio Nacional. Parece que no mucho. Las cifras de contagios y muertes apuntan directamente a la cabeza de López-Gatell, quien también engaña a López Obrador al hacerle creer que la pandemia va a la baja.

@BTU15

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