CRÓNICA POLÍTICA: Empieza el hambre a causa de Covid-19

Rosy RAMALES

Hambre, mexicanos y mexicanas empiezan a padecer hambre como consecuencia de la pandemia Covid-19, que hasta ayer en nuestro país había cobrado la vida de más de 14 mil personas, y con un registro de más de 120 mil contagios confirmados acumulados.

Es una realidad ajena a cualquier grupo en contra de la “Cuarta Transformación”, encabezada por el presidente Andrés Manuel López Obrador, así como a la lucha entre “liberales” y “conservadores”. Las cifras, incluso, son oficiales.

Hambre, miedo, desesperación, empiezan hacer estragos en la población, incluyendo a personas dedicadas a la política, que guardan silencio, pero en el fondo sienten pánico no solo de contagiarse de Covid-19, sino también a perder el puesto.

Hambre, porque el virus se ha llevado a jefes y jefas de familia, único sostén en hogares de cientos o de miles de habitantes de las 32 entidades federativas.

En otros casos, las personas se han quedado desempleadas porque la fuente de empleo guardó la cuarentena reduciendo su plantilla de trabajadores pues sin ingresos resulta sumamente dificilísimo sostener una nómina completa. 

O peor aún, la fuente de empleo se vio en la necesidad de cerrar definitivamente, lo cual le ocurre a las pequeñas y medianas empresas y comercios que no soportan una fuerte carga de obligaciones sin tener ingresos: Nómina, servicios e impuestos.

Algunas personas ya perdieron o están en vías de perder su patrimonio; han empezado a proliferar los letreros de “se vende” en casas habitación, edificios, autos, muebles usados, ropa de segunda mano, etc.  

El comercio establecido sufre los estragos de Covid. Pero también el sector informal, entonces las personas que vivían al día con empleos eventuales o vendiendo cualquier producto de manera ambulante, ya no venden porque no hay quien compre.

Además, por el cierre de los espacios públicos. Y hasta los vendedores locales de frutas y verduras se han visto afectados porque ha sido necesario el cierre de mercados al haber convertido en centros de contagio en algunas entidades federativas.

Los artesanos por consiguiente; hay oferta pero no demanda. Y en algunos casos, ni siquiera materia prima para elaborar las artesanías. 

Y así, la gente empieza a llamar a familiares, amigos, conocidos para pedir ayuda económica o en especie. Incluso, en ocasiones lanzan el grito de auxilio a desconocidos.   

La gente se solidariza. No ha faltado quien aporte comida o dinero en cantidades pequeñas para ayudar a personas que no tienen un peso en la bolsa, menos para comprar un kilo de frijol y un kilo de tortillas.

¿Pero cuánto durará la solidaridad? La gente que comparte también tiene necesidades y quizá llegue el momento en que tampoco le alcance para comer. No todos tienen la suerte de vivir del erario vía la función pública, la actividad legislativa y partidos políticos.

Y no hay para cuando el virus se marche, o al menos se combata en base a estrategias eficaces. México siguió un modelo distinto al de Nueva Zelanda, donde la primera ministra Jacinda Ardern implementó una “estrategia de eliminación” cuando el país registró cien casos, consistente en drásticas medidas de sana distancia y confinamiento.

En Nueva Zelanda ya no hay Covid tras dos meses de drásticas medidas, entre las que se cuenta la cuarentena de extranjeros y originarios que llegan al país, y luego el cierre de fronteras. Además, la primera ministra no abandonó a su suerte al sector productivo.

México casi ha cumplido los cuatro meses con medidas de mitigación y los contagios de Covid-19 van en aumento cada día. Es incierto el momento en que empiecen a descender. Vaya, hasta “municipios de la esperanza” con cero contagios, ya hay.  

Claro, las economías de Nueva Zelanda y de México son realidades distintas y opuestas en fortaleza. Y si bien nuestro país necesita reactivar la economía, también es cierta la falta de estrategias eficaces por parte del gobierno, y de una cultura de limpieza y cuidado por parte de la población.

Los casos Covid-19 van en aumento. Y en algunas entidades federativas ya no hay camas en hospitales para atender pacientes contagiados.

Tampoco hay programa social con cubertura al cien por ciento de la gente que no tienen qué comer. Hay personas por cuya edad o características quedan fuera de beneficio.

Y no hay recursos que alcance para los programas sociales. 

Para desgracias de mexicanos y mexicanas, el gobierno en sus distintos niveles no está visualizando el gran problema del hambre. O si lo visualizó, se ha desentendido.

La atención oficial se centra en el proceso electoral concurrente 2020-2021, en puerta.

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Correo: rosyrama@hotmail.com


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