EN OTRO CANAL: Análisis a botepronto: elecciones 2020

Armando REYES VIGUERAS

El resultado de los comicios locales en Coahuila e Hidalgo, con un aparente triunfo del PRI al momento de redactar estas líneas, ha generado varias reacciones aunque conviene que se revise con calma los resultados —en especial de cara al 2021— pues podría no ser un presagio de lo que se vivirá en las elecciones del año entrante, ni el renacimiento tan esperado de la oposición partidista en nuestro país.

Ningún triunfo es para siempre

Al cierre de este espacio, el PRI se perfilaba como el ganador de los 16 distritos electorales locales en Coahuila y en los principales municipios de Hidalgo. En esta entidad, Pachuca y Tulancingo volverían a manos tricolores, pues dicho partido aumentaría el número de municipios gobernados de acuerdo a las primeras proyecciones.

Si bien Morena aumentaría el número de votos recibidos respecto a las elecciones de 2017, el PRI mostró que mantiene el control en los dos estados que no han conocido la alternancia, lo que nos dejaría la primera conclusión de esta jornada electoral: no ganó el partido, sino las estructuras estatales que comandan los respectivos gobernadores.

Cabe resaltar el trabajo de Miguel Riquelme, mandatario estatal en Coahuila, quien se ha dado el lujo de retar al gobierno federal al ser parte de la Alianza Federalista de gobernadores que mantiene serias diferencias con el presidente.

De Omar Fayad se puede decir que mantuvo la tradición de entregar buenos resultados y favorecer a sus candidatos, recuperando terreno.

El caso de Morena es llamativo. Es claro que sin López Obrador en la boleta pueden sufrir para alcanzar la victoria, además de que todo el activismo del presidente desde Palacio Nacional y su discurso de optimismo permanente, poco influyen en la decisión de los electores.

Que la primera reacción de Alfonso Ramírez Cuéllar sea desconocer los resultados, sólo abona para que amplios sectores ciudadanos confirmen que dicho partido es una versión mejorada y aún más problemática del PRD.

Para el PAN también hay malas noticias. Su votación se redujo en ambos estados, incluso en localidades en donde ha sido gobierno, como en Pachuca, terminó en cuarto lugar, confirmando que vive un mal momento —pero desde 2018— y ha hecho poco por reestructurarse.

Si bien es cierto —es la principal excusa del panismo— que en ambas entidades no ha perdido, porque no gobernaba gran cosa, la pregunta que se deberían hacer es porque no ha crecido el partido más allá de algunos liderazgos coyunturales que le han dado triunfos efímeros.

Si este resultado marca la pauta para el año entrante para el panismo, será muy difícil que le arrebaten la mayoría en San Lázaro a Morena, en especial si insisten en presentar a los mismos candidatos de siempre y de no abrirse en serio a la ciudadanía, algo que en su discurso repiten constantemente, pero en la realidad no se percibe.

Así, vienen algunas preguntas que surgen luego de estos resultados.

Primero, ¿podemos dar por derrotado a Morena? Es claro que se trata de un partido que depende demasiado de su líder y fundador, pero que no haya ganado de manera arrasadora —algo que algunos esperaban, basándose únicamente en el resultado de la elección presidencial de 2018— no significa que este resultado se vaya a repetir en 2021.

De los errores también se puede aprender y detectar fallas para corregir y este podría ser el caso de Morena.

Segundo, ¿lo sucedido el domingo 18 de octubre en Hidalgo y Coahuila es un anticipo de lo que sucederá el año entrante? Es difícil vaticinar un resultado de una elección que tendrá verificativo en todo el país sólo por lo sucedido en dos entidades, en primera instancia porque los partidos participaron casi en solitario en estos comicios y se trató de una competencia entre un par de estructuras electorales bien afinadas en contra de partidos que confiaron en la fuerza de su marca.

Tanto Morena como el PAN pensaron que con sus siglas bastaba para hacer ganar a sus candidatos, en tanto que el PRI echó mano de sus estructuras, de ahí la diferencia en los resultados.

En 2021, la competencia podría ser de alianzas y de una mejor selección de candidatos, por lo que la ecuación —y por lo tanto el resultado— será diferente, además de que conviene apuntar que lo del domingo 18 de octubre sirvió como laboratorio para conocer qué van a enfrentar los partidos en los próximos comicios.

A manera de conclusión, podemos decir que ni el PRI es el gran ganador ni Morena el gran derrotado, que el PAN no entendió porque perdió en 2018 y que la pelea en el 2021 será en el ámbito local.

Asimismo, que las candidaturas independientes siguen sin recibir el impulso definitivo para ser la alternativa electoral y que López Obrador ya está dando muestras de que su desgaste ha sido mucho y podría dejar de ser factor de influencia en los electores.

Y faltan revisar las cifras de participación, pues el abstencionismo puede ser relevante y explicar por qué el PRI regresa a ser considerado como una opción para muchos mexicanos.

@AReyesVigueras

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