EN OTRO CANAL: La cerrazón nuestra de cada día

Armando REYES VIGUERAS

Si hay algo que describe la situación actual del país y se puede definir, en una palabra, está es cerrazón. Tal parece que estamos en una república en la que solo importa la opinión del presidente –aunque en el bando contrario no cantan mal las rancheras–, y no importan argumentos o evidencias en sentido contrario, todo diálogo quedará cancelado al son de la tonada «todo lo hecho en el pasado es malo, son corruptos y defienden sus privilegios».

En el hoyo

Pese a la promesa de buscar la reconciliación nacional, hecha en la noche del día de la elección presidencial de 2018, la búsqueda de polarizar al país ha sido la constante en estos casi dos años de gobierno lopezobradorista.

Se entiende que el respaldo que dan 30 millones de votos se utilice para darle legitimidad a la actual presidencia, pero no que el resto del electorado —60 millones— o la totalidad de habitantes del país —130 millones— no sean tomados en cuenta para el proyecto de gobierno.

Y es que parece que se gobierna para unos y no para todos, pues a pesar de las protestas, de las opiniones y argumentos en contra, todo es desestimado y se actúa de acuerdo a la voluntad de una sola persona.

El tema de los fideicomisos ilustra perfectamente este asunto, pues a pesar de los argumentos de que no todos los fideicomisos tenían irregularidades, o eran parte de esquemas de corrupción, se procedió a liquidar 109 de ellos bajos estas premisas.

Hubo cerrazón, no se quiso revisar caso por caso y se afectaron a ciertos sectores que dependían de los recursos que se canalizaban por medio de estos mecanismos, sin permitir que el diálogo —que tanto se presume existe en las conferencias mañaneras— se diera.

Pero no es de extrañar esta conducta, pues el caso del aeropuerto de Texcoco mostró que no se iba a escuchar ningún argumento que fuera en sentido contrario a los deseos del inquilino de Palacio Nacional, incluso sin que se mostraran las evidencias de la corrupción denunciada —o que se viera a alguien bajo investigación en este caso— y con el costo que significó la cancelación de la obra.

Pemex es otro botón de muestra de la cerrazón que impera. Las pérdidas de la paraestatal reportadas, el aumento de su deuda y la baja en las ventas no han sido suficientes razones para buscar otras vías y seguir invirtiendo dinero público, por lo que el gobierno necesita recurrir a la extinción de fideicomisos o de fondos de estabilización para conseguir los recursos.

Y ya ni hablar de energías limpias, abasto de medicinas para niños con cáncer, violencia en contra de las mujeres, en todos estos temas ha imperado la cerrazón del presidente y sus fanáticos, quienes no quieren escuchar otras razones.

Incluso, las propuestas de postergar las obras de infraestructura que el actual gobierno impulsa —como en su momento señaló Cuauhtémoc Cárdenas—, se estrellaron ante el muro de la cerrazón levantado por la 4T, al igual que el desacuerdo del EZLN respecto al tren Maya.

Otro ejemplo de la cerrazón —bajo el supuesto de que daña la investidura presidencial—, es la relación con los gobernadores.

Los llamados a una reforma en el sistema de aportaciones federales, se tomó como una invitación a la confrontación con los mandatarios estatales, con quienes se ha mantenido una relación complicada, a excepción de los que han mostrado sumisión ante el presidente, pues da la impresión de que no se les considera interlocutores válidos.

Tampoco hablamos de que sea un presidente que se haya reunido con la oposición, a la cual desprecia, o con otros sectores de la sociedad para algún tema en especial, ni que se hayan atendido reclamos como en el caso de las mujeres.

Pero la oposición también da muestras de cerrazón. Las observaciones de que no puede estar simplemente reaccionando a lo que se dice en Palacio Nacional y que debe mostrar propuestas, se responde con que no se puede permitir que el presidente se conduzca como lo hace.

Es más, los temas que maneja buena parte de la oposición son los que se plantean en cada mañanera y no se puede plantear otra alternativa, pues para la oposición esos deben ser los temas y se cierra a otras opiniones.

Así, ante iniciativas del presidente, que no se consultan con los sectores afectados –pues son sospechosos de ser corruptos o querer defender sus privilegios–, al aparecer las críticas o argumentos en el sentido de que no es conveniente, de inmediato surgen los defensores del lopezobradorismo que alegan que todo es por el odio que se le tiene a AMLO.

No importa que haya una mayoría que no está de acuerdo en el manejo económico del país, con la forma en que se atiende el tema de la inseguridad, la manera en que se enfrenta la crisis sanitaria por el Covid-19 o la supuesta derrota de la corrupción, la cerrazón que se exhibe a diario desde Palacio Nacional se impondrá a una realidad que muestra que al poder arribaron un grupo de fanáticos que no quieren escuchar a un país que sigue esperando que se cumplan las promesas que se hicieron en campaña.

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